Poesía

Apóstoles de la carne.

Tenencia, de adentro hacia afuera

Vives recostado en las entrañas de mi pecho descubierto, mientras yo jugueteo en los charcos que llueven de tu sangre

festejando a cada instante en el frescor tardío del verano a la sombra de tus venas

Nos tenemos y regresa lo bueno

se borra lo malo, dejando de lado el pensamiento,

dejando en blanco el cuaderno de los halagos,

enviando a la hoguera los reproches del pasado que es hace solo un segundo…

esculcas cada latido tallando en ellos nuestros nombres, mientras mi yo más cobarde intenta la huida suicida del maldito miedo; pero es solo un instante…

Abro entonces la ventana del auxilio, y me aferro a la belleza de tu escrutinio, mandando a la mierda mis temores; amándote, cagándome en tí, volviéndote a amar…

Ahí es cuando decides salir abruptamente para volver a penetrarme, esta vez desde afuera, conjurando mis quejidos.

Vas por delante

me tomas entre tus brazos machos dándole puñaladas de carne y hueso a mi aliento, hasta dejarlo profundamente dormido…

Y así… entre mis mis sueños, casi consciente, viene a mí la parábola del cuerpo consagrado a los pecados de este tollo almibarado, santificando nuestros alientos…

Fotografía tomada de Pinterest

MICRONOLATO

Sueño infame…

Su cuerpo no encajaba dentro de su mente, la distrofia iba más allá de lo evidente, desde la repentina muerte de su madre hace dos años todo era un martillar constante. Miedos e incapacidad de mirarles a los ojos, las mujeres le causaban aversión. Consideraba que tenía una vida indecorosa, llena de lujos pero indecorosa, carente de todo y de nada. Esa tarde tomó más vino de lo habitual, había decidido dar un paso hacia adelante, no necesitaba más de lo que le estaba sobrando, sus deseos empezaban a hacerse palpables. Dejó de lado toda relación con el mundo para internarse silencioso en un universo de hombres, seres especialmente curtidos, amantes de la desnudez, lujuria, sexo pervertido, locura y noches interminables. Besos con lenguas infinitas, falos que le atravesaban el vientre mientras gemía trémulo, luces rojas, música y depravación. Sus manos sudorosas aferradas a la espalda de seres a los que no había visto nunca en la vida le provocaban una excitación indescriptible. Sensaciones que perduran en la sangre como la sangre misma; un sueño hecho realidad. Inmerso en ese mundo pasaron los días sin darse cuenta de lo que el tiempo fraguaba, estaba a gusto, no necesitaba nada más. Al salir la luz del sol se dió cuenta de que todo era producto de un sueño casi real, a causa de una ebriedad mágica de la que lo habían sacado obstinados sus cuatro gatos…

Poesía

Esmeril…

Soy un alma en pena,

doliente de necesidades cachondas,

sedienta de tus labios casi líquidos con sabor a barra de bar,

sumida en este sueño hipnótico de realidades paralelas.

Soy esclava masoquista de mis recuerdos colgados sobre tu pecho,

cabalgo despierta a la fiera en la que sólo yo sé convertir tus anhelos.

Me desconozco…

Mi desnudez es infinita,

pierdo el tipo,

esta no soy yo…
Noto cómo ha cambiado mi cuerpo desde que la distancia obligada ha detenido el reloj de las pasiones del mundo,

noto que me voy cerrando como los ojos de un crío somnoliento.

Mis dedos al borde del suicidio,

a mis falanges cansadas por las extensas jornadas pedaleando con este cuerpo inconsolable se les ha salido el ombligo,

han mamado hasta la extenuación de esta teta insaciable.
Se empañan los espejos con el calor que desprende el alma en pena de mi necesidad.
Tengo hambre,

tengo hambre de placer,

tengo hambre de mi sexo desbordándose ante la lluvia de tu lengua a mil revoluciones,

tengo hambre de tu aliento que enmudece,

tengo hambre de mí cuando deseosa me encuentro contigo,
Me paseo desnuda ante los ojos de esta nada abarrotada de silencio y de ausencias crueles,

he descargado cada rincón de mi imaginación,

he empleado mi tiempo en cosas que no sabía podía hacer,

pero…
Todo tiene la forma de tu falo,

mi vagina ha vuelto a las contracciones típicas de una ansiedad precaria, triste y tumultuosa.

Mis ganas buscan el esmeril de tu fuerza para pulimentar este hierro fiero.
Todo me sabe a deseo,

todo me sabe a tu risa, a tu pasión,

todo termina justo debajo de mi ombligo apuñalado con hielo…
Vuelve la cordura,

me despierto del sueño y me digo:

Más se perdió en la guerra, agüita fresca y… aguanta coño, un día menos…