Poesía

Alebresrada

Indecente, desafiante y maldita

nostálgica de momentos perfumados con el aliento de borracheras celestes.

Sigo contando estrellas sumergidas en copas de cócteles de colores, bailando como cubitos de hielo en ardiente verano.

Me rindo

dejo la opulencia de lo decente y regreso al prostíbulo de un respirar más holgado

furcia, lúbrica de mi inagotable aspiración.

Mañana será el primer día de mi vida.

Pasearé desnuda a través de esta selva de humedales proscritos, desafiando creencias infundadas.

Caminaré con los pechos enfermos de amor propio.

Luciré el negro de mi piel bajo la mirada de indecentes recatados a la fuerza, riéndome con ellos, mientras ellos se ríen de mi.

Sin vergüenza alguna, siendo yo misma, otra vez…

Poesía

Tú siempre lo has sabido

Vas leyendo mis pasos diluidos en la arena, como un sabueso entrenado en las lides de cosas que no me atrevo a mencionar.

Cuando todo el mundo se pregunta por mis ausencias callas sin levantar la mirada, sin nada que comentar.

Hay días en los que me he marchado tan lejos, que ni yo misma sé a dónde he ido a parar, cansada, agobiada por la existencia misma de soles y lunas eternizadas en la necesidad de algo que no comprendo.

Tú siempre lo has sabido.

Sabes más de lo que cuentas, porque solo tú eres capaz de abrirme como una piña conífera después del más cruel de los incendios para tirar mis semillas al viento.

Solo tú eres capaz de dar con el misterio de un ostracismo silente, asquiento y frío.

Tú siempre lo has sabido.

Lo sabes porque te pareces a mí, te pareces a esos días en los que doy el esfuerzo por perdido, llueve a mares, todo se va a la mierda y de repente, sale el sol…

Tú encarnas al sol de mis olvidos, el que siempre sale, el que quema y duele, el que le arrebata la humedad al costal de mis escritos perdidos.

Tú siempre lo has sabido.

Como la certeza de que pronto entrarás por esa puerta y harás con mi desencanto suculentos ladrillos de pasión, cayendo luego con fuerza sobre el canto de mi sexo holgazán.