Poesía

Ignorante y sutil.

Quisiera sentarme a la luz de estas velas para siempre,

perpetuando el instante en el que me has mirado de aquella manera…

Quisiera estar atada al cordón de tus latidos, comer contigo perdices y probar a ser felices.

Bañarme en tus sudores que llueven como el agua de río.

Hacerte una casita en el fondo de mi ombligo.

Sumergirme en el oleaje de lo que llevas en silencio, que compartamos el cigarro de después de follar…

Me he sentado a escribirte,

no te imaginas cuantas cosas se me ocurren con solo invocar tu nombre, con sólo olerte por las mañanas…

Quisiera sentarme desnuda en tu regazo mientras chupo tus dedos,

quisiera acostarme contigo para siempre,

pegarme de tus labios sin retorno y tu sangre probar.

Tengo las manos mojadas, huelen a tí.

Huelen al sexo de anoche, y al de la noche de antes de anoche, y al de antes de la noche de antes de anoche…

Quisiera enrollarme en tu cintura, cabalgar con tus caderas el asfalto de estas calles a las que envidio por tenerte más que yo…

Quisiera fueras real para dejar de imaginarte.

Deshacerme entre tu llanto y recorrer tu hermoso rostro.

De verdad, tú no te imaginas quién soy…

Porque aunque yo quisiera, no he sido capaz de hablarte de esa otra yo, la de adentro.

La que escribe notas que luego rompe en pedacitos que va regando en un jardín de tinta muerta.

La mujer cuyas ganas desean tu nombre desde el día en que vuestras miradas se cruzaron…

Besos al atardecer,

hacer juntos uno, dos, tres cafés.

alinearme contigo para dejar de padecer la angustia del desconocimiento…

Poesía

Aciago placer.

La oscuridad de su alma lo engulle,

siempre la ha amado, y, a pesar de cualquier cosa, siempre la amará.

Algo le corroe por dentro, lo sabe, hoy lo ha notado en su voz.

Sus labios han dejado de vestir el rojo que tanto le gusta.

La manera en la que respira es diferente.

Ya no le motiva el verano, hace mucho que no le mira a los ojos,

hace mucho tiempo ha dejado de hacerlo.

Pero la oscuridad de su alma le engulle, y nunca se detiene, revelando la debilidad que por sus huesos él siente.

Sí, el sonido de su voz es único,

es consciente de que si volviera a escucharla como antes, no dudaría en correr detrás de ella.

Podría dejarlo todo, perder la cabeza, la razón y hasta su propia piel.

Pero aún queda una cosa, aún hay algo de esperanza:

cuando hacen el amor se transforma, es como si algo en ella se rompiera.

Quita las capas de toda esa parquedad, para convertirse en una mujer violenta, ambiciosa y codiciosa…

Hacer el amor con ella es resucitar para luego morir lentamente… y volver a empezar, sumido en el infausto que la viste…

Poesía

Alebresrada

Indecente, desafiante y maldita

nostálgica de momentos perfumados con el aliento de borracheras celestes.

Sigo contando estrellas sumergidas en copas de cócteles de colores, bailando como cubitos de hielo en ardiente verano.

Me rindo

dejo la opulencia de lo decente y regreso al prostíbulo de un respirar más holgado

furcia, lúbrica de mi inagotable aspiración.

Mañana será el primer día de mi vida.

Pasearé desnuda a través de esta selva de humedales proscritos, desafiando creencias infundadas.

Caminaré con los pechos enfermos de amor propio.

Luciré el negro de mi piel bajo la mirada de indecentes recatados a la fuerza, riéndome con ellos, mientras ellos se ríen de mi.

Sin vergüenza alguna, siendo yo misma, otra vez…

Poesía

Aluvial.

Ya no volveré a sentir lo que de tí quedaba dentro de mi

se me han quitado las ganas de todo

llevo días sin que me toque el agua y mi sexo parece no haberlo notado, desprende un olor a primavera.

El aluvial de emociones contradictorias que se ha acumulado a las puertas de mis entrañas es desconcertante

todo es dolor.

Estoy esperando a que por obra y gracia del espíritu santo se desvanezca porque yo sola no puedo

tus restos me los ha arrebatado el destino, como quien le arrebata un dulce a un niño en medio de un festival de caramelos…

Te siento en la distancia, te me vas de a poco y no lo soporto.

No lo soporto porque era lo que de tí me quedaba

estabas prendada de mi aliento, y ya no…

El sabor a calostro constante en mi paladar se esfumó…

Ahora sólo me quedan fuerzas para nada, y nada más que nada…

He puesto tranca con fuerza a puertas y ventanas, para salvar lo que queda de tu palpitar dentro de este cuerpo atrofiado el mayor tiempo posible…

Ahora voy a intentar cerrar los ojos para olvidar que me está doliendo

Con los ojos abiertos me parece que el dolor se burla de la sarta de calmantes que me dan…

También se está mofando del del coraje estéril con el que le encara mi mirada disoluta.

MICRONOLATO

Desiderátum.

Tembloroso se acerca a ella, nunca ha podido contener los nervios que le sacuden como una maraca cuando está ante su presencia. Su diminuta cintura le pone, le pone mucho, y el contoneo de sus caderas parece sacudir su cabeza de un lado a otro al son de sus pasos. Los temblores no son producto del susto; son la excitación y el calor los que le hacen perder el control, bajo una tensión sexual que difícilmente puede ocultar. El olor cítrico del perfume que ella lleva puesto pentra su olfato esparciéndose a través de su boca, fijándose en sus papilas gustativas como una lapa, chupando fantasías que traduce a diario en un deseo que acumula organizadamente en su memoria, como si de ello dependiera su vida.

A la salida del trabajo atraviesa la puerta principal cogiendo una enorme bocanada de aire, que luego expulsa con arrepentimiento; porque después de haberla respirado cualquier pérdida de su escencia la considera un pecado. A las ocho de la noche en punto llega a casa, se lava las manos, y saca la comida que previamente ha distribuido en contenedores de vidrio. Esta noche en particular toca sopa, una sopa espesa con un trozo de carne casi cruda que de vuelta y vuelta acaba de quitar de la sartén. Termina de cenar, y ya sentado en el sofá, enciende la tele, da un repaso a las noticias, y llama a su madre por teléfono para saber cómo le ha ido el día. Cada segundo de su latir está marcado por un hacer sigiloso y delicadamente llevado a cabo; un ritual de vida algo frío, pero suyo al fín y al cabo. Después de la ducha, ya siendo casi las once de la noche, se mete en la cama, no sin antes abrir el cajón de la cómoda en el que guarda los calcetines por colores y temporada, para extraer un sobre ya arrugado por el trajinar. Saca de entre un par de hojas blancas del interior una fotografía; es ella, es Lola. La mujer que le hace temblar, pero no está sola; él también aparece en la maltratada impresión, es la de la pasada cena de empresa, en ella la abraza tímidamente mientras sonríe grande.

Después de cerrar el cajón, se mete totalmente desnudo debajo de las sábanas, sostiene la fotografía en su mano izquierda. Su mano derecha envuelve su pene en movimientos sutiles de arriba hacia abajo, y sus ojos se fijan en la imagen de Lola. El quejido empieza a hacerse estridente mientras balbucea frases de profundo sentimiento pasional: “me gustas Lola” “no dejes de besarme” “tu perfume me está volviendo loco” “Mírame fijamente” “te deseo, siempre te deseo, no hay un día en el que no necesite de tí” “te amo Lola” “muérdeme los labios”así, así, así…“Lola, Lola, Lola…

Las sacudidas a su miembro empoderado empiezan a ser más contundentes. La fotografía hecha pelotilla por la fuerza con la que la toma y eleva su puño, son la manifestación más diciente del placer que está sintiendo. Su glande en llamas brilla asemejándose a una fresa recién cosechada. Su respirar se acelera, se retuerce, muerde su mano, grita, se contrae; le cuesta mantener los ojos abiertos, llora, y en ello parece que se le fuera la vida; no aguanta más la presión, el corazón se le quiere salir del pecho, estalla, gime enorme. Se corre: “OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH”

06:15 minutos de la mañana, suena el despetador; Edward está por empezar una nueva jornada. Debe darse prisa, hoy es día de inventario.

Poesía

Tú siempre lo has sabido

Vas leyendo mis pasos diluidos en la arena, como un sabueso entrenado en las lides de cosas que no me atrevo a mencionar.

Cuando todo el mundo se pregunta por mis ausencias callas sin levantar la mirada, sin nada que comentar.

Hay días en los que me he marchado tan lejos, que ni yo misma sé a dónde he ido a parar, cansada, agobiada por la existencia misma de soles y lunas eternizadas en la necesidad de algo que no comprendo.

Tú siempre lo has sabido.

Sabes más de lo que cuentas, porque solo tú eres capaz de abrirme como una piña conífera después del más cruel de los incendios para tirar mis semillas al viento.

Solo tú eres capaz de dar con el misterio de un ostracismo silente, asquiento y frío.

Tú siempre lo has sabido.

Lo sabes porque te pareces a mí, te pareces a esos días en los que doy el esfuerzo por perdido, llueve a mares, todo se va a la mierda y de repente, sale el sol…

Tú encarnas al sol de mis olvidos, el que siempre sale, el que quema y duele, el que le arrebata la humedad al costal de mis escritos perdidos.

Tú siempre lo has sabido.

Como la certeza de que pronto entrarás por esa puerta y harás con mi desencanto suculentos ladrillos de pasión, cayendo luego con fuerza sobre el canto de mi sexo holgazán.