MICRONOLATO

Destilando.

Relaciones tenues, intereses impl√≠citos que ninguno dice en voz alta, no es necesario. La noche a√ļn es joven, y se han empezado a descorchar las botellas del fr√≠o champ√°n que no falta en ninguno de los encuentros.

Las gemelas Rold√°n, fueron las primeras en llegar; desde que se constituy√≥ el grupo de almas iridiscentes en torno a la fusi√≥n de locas pasiones, nunca han faltado a este particular evento, les va la marcha. Al fondo retra√≠do y casi distante, Marcus, un italiano al que por encima no se le nota el fuego; detr√°s de su look desali√Īado, la barba y los diminutos espejuelos hay mucho m√°s que indiferencia, las que le conocen dicen que est√° muy bien dotado. Y no pod√≠an faltar la guinda del pastel de la lujuria, los “hermanos” Mellier, que en realidad no lo son, as√≠ se llama la empresa de utensilios de cocina que dirigen; desde j√≥venes se han mantenido unidos, tanto para los negocios como para las travesuras. Adri√°n, Jessica y Lucas, traen consigo la inventiva nata de la perversi√≥n carnal, y las ganas de seguir experimentando. Seis corazones que se confunden entre el selecto grupo que hace parte de las bacanales de octubre, del club Q’s. Seis personalidades que han sido seleccionadas sin conocerse, para hacer parte del ring m√°s exclusivo de la org√≠a de exhibici√≥n, en la noche m√°s importante de los adeptos al mundo swinger. En la ciudad de R√≠os Ardientes, capital de la libertad, en el pa√≠s de las delicias, la cosa est√° que arde…

Los aspirantes a Duques de la Lujuria de este octubre no se conocen, pero s√≠ distinguen el mundo en el que se mueven. La selecci√≥n ha sido hecha al azar a trav√©s de la base de datos de los que libremente se han inscrito a la org√≠a y, a decir verdad, todos se mantienen expectantes. Les gusta el sexo, son amantes de la promiscuidad, y est√°n dispuestos a darlo todo para vencer y convencer. De ellos depende que los 100 invitados a la gala queden desnudos al final de la noche, se motiven a jugar, gasten dinero, y disfruten en libertad de lo que all√≠ se oferta. En Q’s nadie ve m√°s all√° de sus deseos, al final de la velada habr√° seres m√°s o menos contentos, contentos del todo, y los que ni fu, ni fa. Pero cuando todo termine, y salgan por la puerta principal, la experiencia habr√° quedado atr√°s…

Faltan 45 minutos para el espect√°culo, y los seleccionados son llamados al camerino a trav√©s de un artilugio vibrador con las indicaciones pertinentes. A cada uno le es asignada una azafata que les gu√≠a hacia un relajante ba√Īo de espuma previamente preparado, del que salen revitalizados, perfumados, y con la piel dispuesta para el juego. Las reglas est√°n claras, los preservativos dispuestos, y la palabra de seguridad de la noche es: “agua”.

El reloj marca la una en punto de la madrugada, suena la campana y los candidatos a duques del ring de la lujuria, salen de uno en uno, totalmente desnudos y con el rostro cubierto por una m√°scara de distinto color, cuerpos tan diversos como febriles. El inmenso sal√≥n a media luz est√° rodeado por los ojos de los asistentes que empiezan a susurrar sus primeras impresiones. La voz invisible detr√°s del conteo da el arranque, empieza el juego. Las gemelas no esperan y se vuelcan en conjunto hacia Marcus, sus manos empiezan a enrollarse; pronto los seis desconocidos se juntan para reconocer el olor de sus cuerpos, las feromonas empiezan a hacer lo suyo. La m√ļsica de fondo es lenta, y as√≠ de lentos son los movimientos de los seis, cuya coreograf√≠a fluye de manera natural. Dos mujeres competitivas, y que ven con naturalidad el juego sexual en el que est√°n inmersas, no abandonan el liderato. Se acercan al cristal masturbando sus vulvas, mientras Jessica, la otra mujer del grupo, las observa sucumbiendo a la tentaci√≥n de unirse al espect√°culo que fluye cada vez con m√°s fuerza, por los cauces de una basta y exacerbada pasi√≥n. La m√ļsica va en aumento, los compases de lo que ahora est√° sonando, hacen que la selecci√≥n natural haga de las tres espont√°neas parejas del ring algo vanidoso, exclusivo, delicioso de escuchar, y estimulante para los ojos de los que dentro de la audiencia, no se resisten a tocarse y a empezar a escoger con quien interactuar.

El ring se pone a√ļn m√°s candente. Los cuerpos se confunden, y, la necesidad de verse totalmente desnudos hace que las m√°scaras desaparezcan. Las cosas fluyen de un lado y de otro. De entre el p√ļblico los gemidos empiezan a emerger gradualmente, y a estas alturas en el ring, es dif√≠cil distinguir qui√©n posee a qui√©n… La m√ļsica sigue creciendo, por la misma v√≠a va la sensaci√≥n de placer, vaho en el ambiente; es inevitable como espectadora, no fijarme en la manera c√≥mo las personas dentro del gran sal√≥n rozan sus cuepors entre s√≠. En la lona est√°n todos sumergidos en el otro; se han enrollado tanto que la posici√≥n en la que se encuentran es dif√≠cil de descifrar. Penes erectos, vulvas chorreantes, lenguas en fiesta loca, pentraci√≥n, susurros, gemidos, chillidos, y miradas que se cruzan…

Ha estallado el aire, todos est√°n copulando al un√≠sono, los sonidos elevan los sentidos, las almas supuran incontenibles a trav√©s de la piel, tiembla el suelo, huele a sexo, huele a lujuria, huele a deseo y, desde esta parte del palco en el que me encuentro, es imposible no caer en la tentaci√≥n. Lamo t√≠mida mis dedos despu√©s de acariciar mi h√ļmeda vagina. De repente, a mis espaldas, un desconocido aprieta mis pechos tan fuerte que es imposible no estallar en un grito absorto de deseo, me abraza y no lucho contra ello. Recorre mi cuerpo con sus enormes manos, √°speras quiz√° por una rutina que desconozco. Mientras besa y muerde mi cuello, levanta mi falda y me apoya en un √°ngulo m√°s inclinado sobre la barandilla del palco, se deshace de mi ropa interior, mete sus manos, nota mi humedad mientras incontenible le pido que me penetre; no he soportado la presi√≥n de la locura lasciva desatada en aquel lugar. Gimo mientras el desconocido me penetra imbatible, sin quitar la vista del cuadril√°tero, mi cuerpo se fusiona con el todo de ese instante; siento su pene en mi garganta pero quiero m√°s, no es suficiente, me encanta la sensaci√≥n de sentirme embestida con poder√≠o. Palabras soeces, gritos, la m√ļsica no para en su escalada, las paredes parecen abrazarnos, muchas almas en un s√≥lo latir. Y de repente, en una escala al un√≠sono, y como si estuviera previamente coordinado, llegan los orgasmos. Es un todos contra todos, es el David del deseo, contra el Goliat del no resistirse, los lamentos de placer no se pueden contener; hombres y mujeres prescindiendo de lo que les queda de ropa, anclados al calor de sus miembros y vulvas erectas, escurri√©ndose por entre la piel, estridencia, placer, una liturgia carnal llena de rezos lujuriosos. Llego yo, llega quien me posee, llega el ring, llega la ovaci√≥n de la carne. Se escucha la respiraci√≥n de uno y de otro, una corta calma, llega el aplauso. Los aspirantes ser√°n coronados, lo han logrado: habemus duques, habemus pasi√≥n para un rato largo…

Fotografía tomada de: Pinterest

MICRONOLATO

Mantis.

Como una ara√Īa teje su tela, sentada en la penumbra a la espera de su “presa”. Es paciente, sabe que las prisas en cosas del amor no son buenas. Est√° acostumbrada a lidiar con los sentimientos. La primavera ha llegado a su vida, cada a√Īo por esta √©poca pasa lo mismo. Abril condensa los anhelos en el punto justo de sus ganas; las rutas que llevan al ardor de su pecho est√°n claramente marcadas desde el equinoccio, la nieve ha dejado su huella, a√ļn hay barro, y los animalitos de su bosque emocional han dejado atr√°s el fr√≠o invierno. Su amante favorito est√° por llegar.

Como una cig√ľe√Īa ha vuelto a reconstruir su nido, ese que abandona cuando el objeto de su deseo deja la ciudad atrayendo el fr√≠o invierno. Los charcos en los que remoja sus pies en la penumbra, absorben todo el sol del atardecer. Su espalda al aire libre, y sus piernas alargadas casi infinitas se exponen como en un prado soleado, para el deleite de quienes fijan su mirada en ella. Pero sus primaveras tienen due√Īo; Alfredo Dolstingein, un Alem√°n de 1.90 metros de estatura, en buena forma y millonario. Alfredo llega cada a√Īo por las misma fechas, para pasar un fin de semana con su dama de compa√Īia favorita, se conocen desde hace tiempo y a diferencia de √©l, ella prefiere no ser llamada por su nombre; de la discreci√≥n en el trato depende su sustento, pero la realidad es que a Alfredo eso nunca le ha importado. La ha bautizado como “Mantis”; la describe como una mujer fuerte, seductora y asesina de deseos. Vuelve cada a√Īo en su b√ļsqueda porque su piel no concibe la ausencia absoluta de su roce; se conocieron en un vuelo entre Frankfurt y Madrid, en el que ella era azafata. “Mantis” ama diferente y sin condiciones, es due√Īa absoluta de sus vida y con ella hace lo que se le da la gana. Ella sabe c√≥mo besarle, y posturalmente le vuelve loco. Se asombra de que siga busc√°ndola, es un hombre casado, y culturalmente menos festivo, y a pesar de su apariencia sexy, no arriesga m√°s de lo necesario, pero ya es la octava primavera.

√Čl la intuye nada m√°s se abre la puerta del ascensor del exclusivo edificio madrile√Īo en donde se hospeda a√Īo tras a√Īo. “Mantis” sale a la luz casi desnuda, envuelta de cintura para abajo en un trozo de fina seda transparente, y lamiendo sus dedos que previamente ha impregnado de miel. Lo que sigue es algo que han ido perfeccionando a trav√©s del tiempo, cada encuentro se eleva a otro nivel. Inmediatamente despu√©s de ese primer avistamiento, el ritual de apareamiento empieza a configurarse en una sinfon√≠a perfecta de latidos estridentes y ganas de roce. √Čl se arrodilla para desnudarla por completo, acariciarla, olerla y mordisquear su ombligo. El juego contin√ļa en el sal√≥n del impecable √°tico, alfombrado por cientos de p√©talos de rosa, todas para su “Mantis”. Se revuelcan mientras ella ejerce su papel de f√©mina dominante, arrastr√°ndolo hasta alcanzar niveles insospechados de placer. Hace de su existencia una caja de sonidos que juntos suenan al dulce sabor de lo carnal. Poco a poco se van compenetrando, no hay rinc√≥n sin ser acariciado, no hay gemido fingido, no hay cabida a otra cosa que lo que les ata√Īe. Y con la penetraci√≥n empieza la danza final, ella lo enrolla entre sus piernas succionando de entre sus gritos de placer, m√°s placer. Succionando hasta la √ļltima gota de su aliento, secando sus r√≠os antes desbordados, matando su necesidad. Llev√°ndolo a un sue√Īo tranquilo que es la puerta de entrada de otro oto√Īo que espera paciente la llegada de la pr√≥xima primavera. Matando fulminante el calor de su sangre, mientras ella se aleja camino de una refrescante ducha para ahogar ese otro sentimiento del que no habla nunca…

MICRONOLATO

Ardor.

Hab√≠an estado esperando el momento propicio para ese encuentro 58 veces pospuesto, s√≠, 58 veces. Las hab√≠an contado todas, con pelos y se√Īales. Cada detalle grabado a fuego en sus memorias como si lo estuvieran viviendo en el instante; de ello era testigo el viejo diario de hojas amarillentas que ella guardaba debajo del colch√≥n hace m√°s de diez a√Īos. Hab√≠a pasado el tiempo, la espera era una constante en sus vidas; f√≠sicamente estaban separados pero sus corazones manten√≠an la esperanza de volverse a encontrar. La apuesta ten√≠a que ser consumada, tal y como se hab√≠a escrito desde su gestaci√≥n. Miranda ten√≠a √©xito como abogada penalista en la capital, Curro, decidi√≥ quedarse en el pueblo para mantenerse al lado de sus padres, heredando los vi√Īedos y la f√°brica de la familia. Como hijo √ļnico viv√≠a una vida holgada, y por el contrario de ella, nunca se cas√≥. Aunque tuvo un par de relaciones conocidas en el pasado; en el pueblo era sabido su amor por ella.

Los veranos de juventud estuvieron marcados por aquellos encuentros entre matorrales al pie del r√≠o, deshaci√©ndose entre gemidos, noche tras noche, explorando sus cuerpos adornados con los brillos de una lozan√≠a casi perpetua. Miranda y Curro se conoc√≠an desde la tierna infancia, nacieron con un d√≠a de diferencia, sus padres eran amigos tambi√©n desde ni√Īos, y eso estrechaba a√ļn m√°s los lazos de cari√Īo entre ellos. Despu√©s de terminar el colegio, y diez a√Īos de noviazgo, sus vidas se separaron. Ella parti√≥ hacia la capital persiguiendo el sue√Īo de ser abogada, y √©l tom√≥ la suya. Pero a veces la voluntad no alcanza, la fuerza de lo que se queda dentro es determinante y las voluntades se vuelven “putas”…

Haber esquivado el d√≠a ‘D’ durante tanto tiempo no hab√≠a servido de nada, el destino estaba marcado en el calendario, y la mesa estaba servida. Salieron de sus respectivas localizaciones de camino al restaurante acordado, ella m√°s guapa que nunca y √©l, altivo, perfumado de pies a cabeza, seguro y tranquilo. Al encontrarse de frente sus miradas se fundieron en un acelerado latir. La escena no ten√≠a desperdicio, todos los a√Īos de latencia valieron la pena, una decisi√≥n impl√≠cita en sus actitudes daba una primera pista de lo que iba a suceder. Durante la cena se tomaban de las manos, se miraban como si el mundo se fuera a acabar. Ella descalza le acariciaba con sus pies por debajo de la mesa, √©l se sonrojaba, no pod√≠a dejar de sonre√≠r. Al cancelar la cuenta Miranda le hizo un gui√Īo para que la acompa√Īara hasta el servicio, titubeante acept√≥ la invitaci√≥n. El momento era el momento; esos cuerpos que se hab√≠an aferrado a la esperanza empezaron a destilar deseo por todos los costados; cualquier espacio hubiera quedado peque√Īo para tanta pasi√≥n reprimida. Ella se abri√≥ de piernas y √©l sin pesta√Īear, se peg√≥ a su vulva, saboreando con delicadeza el provecho de su escencia m√°s √≠ntima, mientras su feminidad se deshac√≠a entre el ardor de esos gemidos conjugados por los movimientos de su lengua diestra. Una cosa llev√≥ a otra m√°s intensa, y como el hilo entre el ojo de una aguja empezaron a hilvanar los agujeros del tiempo, entreg√°ndose en cada beso con la locura propia de dos seres dispuestos a morir enganchados el uno del otro; penetrando las orillas de sus sexos afilados como cuchillos japoneses.

Dos horas despu√©s de haberse internado en la cueva improvisada de la lujuria, salieron exhaustos, cada uno por su lado, sin nada m√°s que decirse…

Fotografía tomada de Pinterest

MICRONOLATO

Tempo.

Se ha enrollado en s√≠ misma como un √°rbol viejo, busca resistirse a la muerte el mayor tiempo posible. Ha estado vendiendo su cuerpo sin parar desde que tiene memoria, aprendi√≥ a vivir con ello. Le gusta el “dinero f√°cil” dicen, pero en realidad es la vida que ha decidido vivir. Ha retado al tiempo, sintiendo y acentuando el movimiento constante de sus deseos; pero el viento ha empezado a soplar m√°s fuerte, hoy le cuesta mantenerse en pie. Una mujer √ļnica, como todas las existentes en el mundo, ninguna de nosotras es igual a la otra, ninguna, por m√°s que las similitudes nos despisten. Sus ojos son indescifrables, uno de cada color; heterocrom√≠a suspendida por un rostro casi perfecto, digo casi porque se notan las heridas, y, no son de una sola guerra, esa cara ha visto los colores de la infamia a plenitud.

Sentada en el mismo rinc√≥n del viejo bar de la calle de las Cecropias, desde hace m√°s de 20 a√Īos, pide el caf√© escaso de leche y al tiempo, hoy ha sido diferente, lo quiere muy caliente, como si quisiera acabar con el hormiguero que anida en su pecho; parece que un incendio se ha desatado en su interior, fuego mata fuego. Hay pasiones tan profundas que se tornan en dolores constantes, se quedan tatuados en la piel como queloides, heridas que sanaron a la fuerza, como si quisieran mantenerse abiertas para recordarnos el significado de la vida. Nadie conoce su nombre, le dicen Arcoiris, por su mirada, siempre va vestida para la ocasi√≥n, mostrando piel, con los labios prendidos de un carm√≠n edulcorado, perfumada de pies a cabeza, sonriente y cazando a la presa con mejor presencia, le gusta lo “bueno”.

Arcoiris est√° triste, lleva horas con las manos metidas en la cintura de su falda, acariciando su sexo, empapada en l√°grimas que no cesan, se le ha enfriado el caf√©, parece a la espera de algo o de alguien, desconsolada, como si quisiera morirse…

MICRONOLATO

Sue√Īo infame…

Su cuerpo no encajaba dentro de su mente, la distrofia iba m√°s all√° de lo evidente, desde la repentina muerte de su madre hace dos a√Īos todo era un martillar constante. Miedos e incapacidad de mirarles a los ojos, las mujeres le causaban aversi√≥n. Consideraba que ten√≠a una vida indecorosa, llena de lujos pero indecorosa, carente de todo y de nada. Esa tarde tom√≥ m√°s vino de lo habitual, hab√≠a decidido dar un paso hacia adelante, no necesitaba m√°s de lo que le estaba sobrando, sus deseos empezaban a hacerse palpables. Dej√≥ de lado toda relaci√≥n con el mundo para internarse silencioso en un universo de hombres, seres especialmente curtidos, amantes de la desnudez, lujuria, sexo pervertido, locura y noches interminables. Besos con lenguas infinitas, falos que le atravesaban el vientre mientras gem√≠a tr√©mulo, luces rojas, m√ļsica y depravaci√≥n. Sus manos sudorosas aferradas a la espalda de seres a los que no hab√≠a visto nunca en la vida le provocaban una excitaci√≥n indescriptible. Sensaciones que perduran en la sangre como la sangre misma; un sue√Īo hecho realidad. Inmerso en ese mundo pasaron los d√≠as sin darse cuenta de lo que el tiempo fraguaba, estaba a gusto, no necesitaba nada m√°s. Al salir la luz del sol se di√≥ cuenta de que todo era producto de un sue√Īo casi real, a causa de una ebriedad m√°gica de la que lo hab√≠an sacado obstinados sus cuatro gatos…

MICRONOLATO

Ausencia…

Con la ausencia de  Luz, volvi√≥ a buscarse, empac√≥ una mochila, un tenderete, un libro, algo de fiambre y se fue r√≠o abajo.

Lleg√≥ al monte, conect√≥ con un trozo de tierra e instal√≥ su agotada existencia a la espera del llamado, ese que en el fondo le susurraba que descansara, ese que con ansias deseaba escuchar a gritos para caer rendido ante un profundo sue√Īo, arrullado por los moscos, grillos, y dem√°s animalitos, que, al sentirle cerca, hicieron un lecho tibio para abrazarlo y darle algo de consuelo, estaba muy roto.

Todo se compadeció de él, mientras su cuerpo sólo deseaba despojarse de la rabia que le estaba produciendo su recuerdo, esa rabia que estaba ahí para compadecerse ya no de sí mismo, sino de ella. Tiene la conciencia tranquila, luchó por ella, buscó comprenderla, pero eso del entendimiento se volvió una guarrada parecida a las balas de paintball que tanto le gustaba ir a disparar con sus amigos, esos mismos amigos con los que celebraba dándose besos apasionados, para después restregárselo en la cara, provocándole celos. Era un hombre emocionalmente maltratado, aferrado a ese comportamiento porque a veces el verdugo se disfraza de amor, y a pesar de lo evidente preferimos creernos la mentira pensando que se vive mejor.

 ‚ÄúNo soy un ser perfecto, he fallado tantas veces, y tantas veces lo he reconocido, he llorado, he gritado he maldecido, te he amado y al final, casi odiando esto, he decidido no seguir fingiendo un amor que quiz√° mal entend√≠, un amor plagado de reproches y de falsas esperanzas. Me volv√≠ un adicto a protegerte, celoso y mani√°tico a veces, no me daba cuenta de que me manipulabas suciamente para despu√©s re√≠rte de m√≠ a puerta cerrada con tus confidentes. Te pido de coraz√≥n y sin casi rencores que te vayas de m√≠. Vete y no vuelvas ni a mencionar mi nombre, de esto queda una mascota en orfandad, y mis ganas de nada m√°s que tu ausencia. Me quedan de experiencia mil intentos fallidos, mil conversaciones a la luz de la luna, mil esperanzas perdidas, tu encanto del principio y tu inteligencia mal empleada, tambi√©n un par de viajes juntos, tu paseo con ese otro por Europa, y mi absurda resiliencia.

Ahora que no me necesitas, ahora que te bastas por ti misma, ahora que por fin he dejado de ser algo para ti, intentar√© que dejes de serlo para m√≠, espero empaques tus chantajes, tus mentiras y tu amor interesado, porque si te vuelve a ir mal en la vida, ya habr√© cambiado la cerradura de mi casa, de mi coraz√≥n y de mi alma para siempre. Ahh, no te olvides del cuchillo con el que has amenazado con cortarte las venas, ese que te he arrebatado a empujones, el verdugo c√≥mplice con el que no te cansaste de romperme el coraz√≥n y hacer que me rindiera de nuevo ante una actuaci√≥n de magistral crueldad. Fuiste mi Luz, fuiste mi anhelo, fuiste mi abrazo y mi esperanza, aun sabiendo lo que realmente eras, quise salvarte de algo que ya no ten√≠a remedio ni salvaci√≥n posible. Para siempre adi√≥s Luz‚ÄĚ le escribi√≥ en una carta que al salir le dej√≥ pegada al frigor√≠fico.

Ese hombre le había dado todo de él, mientras ella hacia uso de sus fantasmas para que atacaran su humanidad, y sintiera lástima. Se apartó de sí mismo dándole hasta lo que no tenía. Justo lo que no tenía le llevó un par de veces a la calle a buscar refugio en brazos de otras ganas, de otros besos, de otro vaho, del que con certeza hoy no recuerda ni su nombre. Guarecía las ganas rabiosas de contacto, porque ella y su egoísmo le dijeron a la cara, que preferían a otro porque él no era suficiente, aun así, recogió su ego de hombre, lo remendó, lo colgó en un rincón del armario y se lo fue poniendo a ratos, sólo a ratos.

Pero en medio de la nada fresca, de la nada verde, de la nada oscura y rabiosa, dej√≥ lo √ļltimo que de ella le quedaba, se desprendi√≥ de su olor y de esas ganas y en medio de esa ausencia perfumada, despert√≥ ante su evidente miseria, abri√≥ los ojos y llor√≥ hasta quedar inm√≥vil.

PD: Para un amigo, ese que confiando en m√≠ comparti√≥ una historia de amor, de esas que duelen hondo, y te hacen m√°s humano. He tomado lo que perciben mis entra√Īas y lo he convertido en otro de mis hijos, un relato que divaga entre las sensaciones de ser amiga de un ser humano imperfecto al que amo profundamente, al que he amado de tantas maneras, y que ya es casi imposible dejar ir. Un ser capaz de reconocer sus errores y afrontarlos, aunque le cueste el alto precio del amor de su vida. Love you Eye Soup. I decided to use your beautiful pic. Obviously without the female London spy‚Ķ 

 

MICRONOLATO

Has vuelto…

No pudo contener la sorpresa de su retorno. Se lo ha dicho todo, le ha expresado el amor que por el siente, le ha dicho de nuevo, y con todos estos a√Īos de camino que le extra√Īa, y que lo que siente es perp√©tuo. Ella es su pared en blanco, cada vez que regresa, ella quitar√° los cuadros, pintar√° de nuevo, y tapar√° los viejos huecos para que clave lo que le de la gana, tambi√©n le escribe notas de amor, notas que al partir siempre se lleva en los bolsillos, las guarda para no olvidar el camino de regreso.

Cari√Īo m√≠o:

No hay que temer a la soledad, no temas volver a empezar, no temas conocerte. Estar√© siempre aqu√≠, para llamar al pasado tierno hacia un presente adulto, consciente y apasionado, como en nuestro √ļltimo encuentro, c√°lido y desenfrenado, lo llevo tatuado en mi.

¡Te amo y te amaré siempre!

MICRONOLATO

Quimera…

Ante los ojos de su caracterizada presencia, todo era ordinario, viejo y polvoriento, estaba aburrida de tener que ensuciarse las manos, consideraba que lo suyo eran los palacetes a los que ten√≠a acceso por cosas del oficio, el dinero f√°cil, la manicura , las cremas humectantes y los perfumes m√°s costosos adquiridos en las boutiques del centro de la ciudad.¬† Nada ten√≠an que ver aquel local de encuentros desaforados, los vestidos elegantes, la √≥pera y los manjares previos, con los aposentos de su amante de turno. Ella hab√≠a alimentado su ego de una s√≥rdida apariencia y de desmedida ilusi√≥n, ilusi√≥n que aquel hombre hab√≠a ali√Īado a su justa medida en busca de diversi√≥n. El universo no se queda con nada, d√≠as antes le hab√≠a echado en cara a la vida lo que pens√≥ quedar√≠a atr√°s con aquel macho ostentoso, guapo y viril. Pero en ese instante se dio cuenta de que todo era una farsa, simuladores de encorsetada burgues√≠a, s√≥rdidos e inconformes, adictos a lo que nunca tendr√≠an por derecho propio. Mentirosos compulsivos incapaces de asumir la vida con los pies sobre la tierra…

F√©minas...·MICRONOLATO

Entrop√≠a…

Sum√≥ tanto que al final se qued√≥ con nada, la nada que en un principio le supo a amor, y que no le cab√≠a en el pecho…

El engranaje perfecto. Los colores, las luces, el maquillaje adecuado, un vestido glamuroso, y m√ļsica. ¬ŅC√≥mo no enfatizar en la m√ļsica para esta ocasi√≥n?. Eligi√≥ la melod√≠a m√°s dulce de todas. Pianos, violines y flautines de infarto, todo en conjunci√≥n con el tama√Īo de sus deseos. Estaba correspondiendo a lo que ella percib√≠a de √©l; meses enteros de labranza sentimental, recogidos en una noche de sorpresas… La mesa era la guinda del pastel. Los olores de su comida favorita, la vajilla heredada de la abuela Iris, los cubiertos de plata y las copas de bohemia. La energ√≠a y el mimo concentrados en ese espacio eran tal, que las paredes sonre√≠an y los enceres bailaban al comp√°s de aquella sutil melod√≠a. A la hora esperada son√≥ el timbre, el invitado fue recibido con bombos y platillos, el saludo perfumado con un beso tibio en los labios, el abrazo de manos y aquel: ¬ŅQu√© es todo esto Manuela?… En una fracci√≥n de segundo, la m√ļsica dej√≥ de escucharse, las paredes perdieron el brillo, y los enceres volvieron a su estado inerte, en sincron√≠a, con la cara de circunstancia de quien ven√≠a con una sola intenci√≥n. Decirle a la anfitriona de ensue√Īo hasta luego y adi√≥s. √Čl se ir√≠a para siempre, hab√≠a encontrado el amor, y lo que tuvo con ella, era s√≥lo producto de una deliciosa infatuaci√≥n…

MICRONOLATO

El p√°lpito de la agon√≠a

Capítulo II

Fernando Monasterio, era hijo del notario del pueblo, un hombre soberbio y de car√°cter agrio. Por todos era bien sabido que se opon√≠a a la relaci√≥n entre su hijo y Mar√≠a, por estar en polos opuestos de la sociedad, pero a pesar de todo, ellos buscaban la manera de estar siempre juntos, aunque a escondidas. Diez a√Īos atr√°s todo cambi√≥; la madre de Fernando, muri√≥ repentinamente de una pulmon√≠a, despu√©s de eso, su padre, decidi√≥ que el mejor lugar para el joven, ser√≠a la capital. Fulgencio Monasterio, se las hab√≠a ingeniado para que Fernando, nunca regresara al pueblo. La capital representaba para el ego de Fulgencio, el futuro de un hijo, al que heredar√≠a una gran fortuna, prestigio y alcurnia, para que as√≠, olvidara a la hija del ya fallecido zapatero del pueblo. Ni una llamada, ni un s√≥lo telegrama. Mar√≠a, nunca recibi√≥ respuesta a los cientos de cartas que le hab√≠a escrito. En el pueblo todos sab√≠an que se le hab√≠a vetado. Pero a pesar del tiempo y de las dif√≠ciles circunstancias, los sentimientos no hab√≠an cambiado, estaba decidida a encontrarlo, viv√≠a en el extranjero, se hab√≠a licenciado como abogada, y para ella, hab√≠a llegado el momento. Coger√≠a sus maletas y se ir√≠a de vuelta a sus ra√≠ces, viajar√≠a en busca del √ļnico ser capaz de redimir el peso de su atribulada existencia.

MICRONOLATO

El p√°lpito de la agon√≠a…

Capítulo I

Mar√≠a se hab√≠a sentado al pie de la ventana que da al patio buscando su olor, el olor de la sal que desprend√≠a su cuerpo, cuando se quitaba la camisa, y corr√≠a motivado a cortar le√Īa para la vieja chimenea. A pesar de vivir lejos del escenario de aquellos recuerdos, esos d√≠as hab√≠an quedado impresos en su memoria a fuego. Ella sab√≠a que alg√ļn d√≠a volver√≠a a verle, ese d√≠a le dir√≠a todo lo que hasta el momento de su partida no fue capaz de confesarle. Aquel secreto guardado entre pecho y espalda la estaba matando, y lo √ļnico capaz de darle consuelo, ser√≠a su reencuentro con Fernando Monasterio…

MICRONOLATO

Com – postura. Cap√≠tulo IV

Otro dia, otra cita, otra experiencia que derrite con cada tic-tac, el reloj  de  las ganas de Luc√≠a. Su obsesi√≥n con el encuentro semanal era tal, que no conceb√≠a ese d√≠a sin √©l, s√≠n esa voz que se adentraba en ella haci√©ndola perder el control de su pasividad para asumir su rol de f√©mina apasionada.

Curiosamente esa noche, el encuentro no se di√≥. Luc√≠a, esper√≥ impaciente, fum√≥ dos paquetes de cigarrillos, mir√≥ mil veces la pantalla del ordenador, comprob√≥ otras mil la conexi√≥n  y, hasta llam√≥ a su proveedor de Internet para verificar que todo estaba en orden. Algo pasaba, su desconocido amo no apareci√≥, no hab√≠a forma de saber acerca de √©l, no conoc√≠a su nombre, ni su n√ļmero telef√≥nico, ni el color de su piel, ni su voz… 

Con la ausencia, todo empez√≥ a darle vueltas a la cabeza, al ser consciente de que no sab√≠a nada de nada, nada del extra√Īo hombre de su cita semanal, se vino abajo…

MICRONOLATO

Com – Postura. Cap√≠tulo III.

Bailando…

La m√ļsica en la habitaci√≥n era estridente, Lucia, se mov√≠a sensualmente ante aquel ordenador, mientras ve√≠a como se masturbaba su amo. La habitaci√≥n totalmente ambientada con un juego de luces intenso, desvelaba el car√°cter er√≥tico del rojo y el negro de la decoraci√≥n que, contrastada con la desnudez de una mujer diferente a la que todos conoc√≠an, la iluminaban, atrapada por el encanto y el coloc√≥n sexual que la pose√≠a…

Las manos de Luc√≠a, paseaban de arriba abajo, acariciando sus tetas, masturbando su sexo alebrestado que se derramaba por entre sus piernas. Sus labios pintados de rojo intenso, la hac√≠an a√ļn m√°s llamativa y provocativa. No era una mujer propiamente delgada, era perfecta a la hora de exteriorizar todo el fuego de su pasi√≥n con esos movimientos delicados. 

Luc√≠a, no se cortaba un pelo, estaba sintiendo, estaba llena de confianza y de ganas. El hombre del otro lado, su √ļnico espectador, el √ļnico hombre en su vida, no aguant√≥ m√°s, y ante una mujer er√≥ticamente provocativa, sugestiva y sensual, se ve√≠a mermado, no pod√≠a contenerse m√°s…

“Ven conmigo amor, ven conmigo, dame de t√≠,” la voz le lleg√≥ al vientre y se derram√≥ ante una Luc√≠a,  que hac√≠a que su respiraci√≥n fuera una carrera acelerada por llegar al tan anhelado cl√≠max…

MICRONOLATO

Com – Postura. Cap√≠tulo II

Desn√ļdate…

Luc√≠a estaba lista, eran el d√≠a y la hora de siempre… Responde con voz ansiosa: -Hola mi amo, Pens√©¬† que¬† no llegar√≠a a tiempo para empezar con nuestra cita habitual, estaba todo muy congestionado, y el fr√≠o hizo que los clientes salieran mucho m√°s tarde por el pan… Desde aquel ordenador, se escuchaba la voz¬† de un hombre, una voz¬† con mucho car√°cter, penetrante y fuerte: Luc√≠a, debes tener en cuenta que nosotros, nuestra cita, nuestros deseos y nuestro amor, son lo m√°s importante, y est√°n por encima de cualquier cosa.. -Lo s√©, responde Luc√≠a-.¬† Mi amo, prometo serte fiel y seguir deseando el momento en el que¬† muestres tu rostro, yo estar√© siempre aqu√≠. ¬ŅCu√°les son tus deseos para hoy?. P√≠deme lo que quieras, como siempre, soy tuya y solamente tuya, mi cuerpo te est√° llamando, h√°blame, dime:¬† ¬ŅQu√© quiere mi amo hoy?. Sin titubear, el hombre¬† al que Luc√≠a recurrentemente se dirige c√≥mo ” mi amo”,¬† responde:

Abre el caj√≥n de las sorpresas, su√©ltate el pelo, p√≠ntate los labios de rojo, desn√ļdate entera y baila para m√≠…

MICRONOLATO

Com – Postura. Cap√≠tulo I.

Fr√≠o…

Es noviembre, todo est√° g√©lido. Luc√≠a, se apresura en llegar a la estaci√≥n central para no perder el autob√ļs de las 21: 45. En casa la espera su madre para cenar, y va con retraso, hoy la pasteler√≠a estuvo muy concurrida, no entiende el motivo, pero justo hoy, todo se ha dilatado en el tiempo. Pero no es s√≥lo la cena con su madre la que hace de su af√°n un calvario, debe llegar lo m√°s pronto posible, para no perder la cita con su amado, un hombre al¬† que conoci√≥ hace meses en una p√°gina de citas, y con el cual se habla sin falta, cada jueves a las 23:00…

MICRONOLATO

LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE IX.

MIR√ĀNDOSE¬†A LOS OJOS…

Lucila reposaba en el sal√≥n de la Mansi√≥n Moretti, cuando son√≥ el timbre, se apresur√≥ a abrir la puerta, sin percatarse de que su madre ven√≠a acompa√Īada de Tom√°s Silvestry… Segundos despu√©s, y consciente de ello, no pudo soportar el peso de las l√°grimas que empezaron a escurrirse por sus mejillas, ese acto de sensilbilidad que emanaba desde la inmovilidad de su cuerpo, hizo que el joven se abalanzara sobre ella, regal√°ndole el m√°s noble y cari√Īoso abrazo. Lloraron juntos, se estrujaban como si lo hubieran hecho antes, como si se conocieran de toda la vida y de repente algo les ¬† separase para de nuevo premiarles con la presencia mutua, de un sentimiento que ninguno de los dos sab√≠a que pod√≠a sentir. Y lleg√≥ el beso, el tan anhelado beso del reencuentro con eso que todos cremos haber sentido alguna vez en la vida. ¬†Era amor, el beso m√°s largo que se hab√≠an dado en toda su vida. Ni Luc√≠a fue capaz de preveer ¬†lo que ese beso desat√≥ en ella, a pesar de haber besado tantas bocas y haber sido pose√≠da un mil√≥n de veces… Flotaba, volaba como una pluma al viento, envuelta en la pasi√≥n que Tom√°s, le estaba haciendo sentir. Por primera vez en la vida, estos dos seres ¬†se hab√≠an despojado de cualquier cosa que les cohibiera, de cualquier sufrimiento agreste. Ese dolor era diferente, ese dolor se dejaba querer, ¬†ese dolor hab√≠a movido cielo y tierra para reencontrar a dos extra√Īos en nombre de lo que claramente era intenso y casi sin nombre.

Mariana, orden√≥ al personal de servicio a tomarse el d√≠a libre. La decis√≥n de dejarles solos era justa y necesaria. Lucila y Tom√°s, desaparecieron entre el vaho de los ventanales de aquella habitac√≠on. ¬†Ese d√≠a, el miedo sali√≥ despavorido, mutando en pasi√≥n desenfrenada, llen√≥ sus venas de sangre, el latido de sus corazones sobrepasaba las paredes de lo conocido. Se amaron tan profundo que por instantes lograron habitar el uno dentro del otro. Se exploraron, contaron pecas, avistaron estrellas fugaces, cenaron besos tibios y de postre la miel de sus almas. ¬†Por primera vez hab√≠an hecho el amor, y mojar las s√°banas se hab√≠a convertido en algo literal…

Sus cuerpos dejaron el vac√≠o de la vida que recordaban. No hab√≠a cabida para otro recuerdo m√°s all√° del de haberse poseido… Mir√°ndose a los ojos.

 

MICRONOLATO

LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VIII.

INTRODUCCI√ďN

Para cuando se dieron cuenta, hab√≠an pasado cuatro horas. Mariana y Tom√°s, hab√≠an conversado de tanto, que parec√≠an conocerse de toda la vida. El joven abogado, no hab√≠a distraido su atenci√≥n ni un s√≥lo minuto, escuch√≥ la historia de Lucila, detenidamente y sin casi parpadear. La cirujana habit√≥ la piel de madre con remordimientos, y, se encarg√≥ de contarle acerca de la vida de su hija, desde el instante mismo en que naci√≥, y, el papel tan mediocre que ella hab√≠a ocupado en ella. Tom√°s, estaba preparado para darle la sorpresa a la mujer que le hab√≠a movido la existencia, ¬†la que hab√≠a sido capaz de romper sus esquemas, y estaba convencido, de que era una de las mejores cosas que hab√≠a hecho en su vida… Nada le sorpendi√≥, la situaci√≥n en la que vi√≥ a su madre, le hab√≠a preparado para la vida. Se hab√≠a hecho hombre sabiendo que cada cabeza era un mundo y que cada mundo tiene sus dilemas…

Al dia siguiente, luego de una jornada llena de l√°grimas, y de introducciones casi pros√°icas, ladeadas en un poema de realidad. Mariana, Tom√°s, y Moranco, abordaban el avi√≥n para ir a desvelarle a Lucila, el descubrimiento del hombre que hab√≠a marcado una nueva pauta en su vida…

 

MICRONOLATO·Sin categor√≠a

LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VII.

INCERTIDUMBRE…

 

“El lugar en d√≥nde los poderosos pescan pasiones enmascaradas, sin correr el riesgo de ser descubiertos ante la mojigater√≠a de una sociedad cortopunzante, y de doble moral… Todo, por un precio justo”…¬†

En aquel lujoso sal√≥n de vantanales plateados, todo era g√©lido. Era aire, ese aire que desprevenidamente anuncia la llegada de una tormenta, pero que ninguno de los presentes pod√≠a predecir. No hab√≠a espacio para perfumar pasiones, ni tampoco para salir corriendo, estaba escrito. Era el momento de empezar a ¬†ponerle rostro a las peticiones de auxilio de dos corazones empecinados, en la necesidad que les generaba pensar que s√≥lo con la presencia de ese otro desconocido, que hab√≠a ¬†removido a la vecina de la curiosidas, podr√≠an ser felices…

El detective Moranco, posaba en la esquina derecha en silencio, vestido con un extravagante traje color zanahoria, que le daba expl√≠citamente el papel de punto rojo en aquella desconcertante fotograf√≠a. Tom√°s Silvestry, ¬†paseaba las manecillas de su reloj, minuto si, minuto no, para no sostenerle la mirada a ninguno de los presentes. Por el contrario, Mariana Moretti, no hab√≠a dejado de lado su tel√©fono m√≥vil, dando instrucciones a sus asistentes “incompetentes”, por no encontrar alguna cosa que les hab√≠a pedido. Tres extra√Īos, citados bajo el secretismo del extravagante Danilo Di Fiore, que ten√≠a miles de razones para descubrir ¬†la respuesta de una b√ļsqueda ciega, sorda, y, hasta ese momento casi muda, que hab√≠a durado un a√Īo…

30 minutos despu√©s de tan “silenciosa” espera, Di Fiore, entr√≥ al sal√≥n, ¬†disculp√°ndose y dando¬†las gracias a los tres receptores de su lamboner√≠a, y cinismo disfrazados de se√Īor√≠o. ¬†Las damas primero; Se present√≥ ante Mariana, la √ļnica que no le conoc√≠a, como el administrador de LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS;¬†Defini√≥ aquello como: ” “El lugar en d√≥nde los poderosos pescan pasiones enmascaradas, sin correr el riesgo de ser descubiertos ante la mojigater√≠a de una sociedad corto punzante, y de doble moral… Todo, por un precio justo”…¬†

Despu√©s del sonsonete, el estirado Di fiore , se dirigi√≥ a Tom√°s: Se√Īor Silvestry, la se√Īora Mariana Moretti, y el detective Javier Moranco, vienen desde lejos, y…son los representantes de quien en su momento escribi√≥ al igual que usted, solicitando el listado de los asistentes a nuestra cita anual del pasado verano… Como ya se dan cuenta, he cumplido con lo establecido en nuestro contrato verbal. Pueden quedarse aqui, y disfrutar de nuestra hospitalidad… Ha sido un placer haber podido servir a tan ilustres ciudadanos. Hasta siempre, y a sus √≥rdenes…

La puerta se cerr√≥ detr√°s del tacon√©o de Di Fiore, dejando a Mariana, Tom√°s y a Moranco, bajo la g√©lida incertidumbre de una tormenta que hab√≠a empezado a llover t√≠midamente…

Faltan tres capítulos para el expectante final.

CONTINUAR√Ā…

 

 

MICRONOLATO

LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VI.

EL PACTO

Todo tiene un precio, Danilo Fiore, hab√≠a accedido a dar la informaci√≥n requerida por el detective Moranco, a cambio de una suma de dinero innombrable, bajo sus condiciones y con estricta confidencialidad. ¬†Tambi√©n se hab√≠a hecho con la oferta de Tom√°s Silvestry… Cada uno desde su lugar de origen, deb√≠a esperar la hora y la fecha del encuentro, todo previamente pactado…

√Čsta vez no ser√≠a una carta la portadora del mensaje, se ver√≠an frente a frente. Todo estaba escrito…