MICRONOLATO

Ausencia…

Con la ausencia de  Luz, volvió a buscarse, empacó una mochila, un tenderete, un libro, algo de fiambre y se fue río abajo.

Llegó al monte, conectó con un trozo de tierra e instaló su agotada existencia a la espera del llamado, ese que en el fondo le susurraba que descansara, ese que con ansias deseaba escuchar a gritos para caer rendido ante un profundo sueño, arrullado por los moscos, grillos, y demás animalitos, que, al sentirle cerca, hicieron un lecho tibio para abrazarlo y darle algo de consuelo, estaba muy roto.

Todo se compadeció de él, mientras su cuerpo sólo deseaba despojarse de la rabia que le estaba produciendo su recuerdo, esa rabia que estaba ahí para compadecerse ya no de sí mismo, sino de ella. Tiene la conciencia tranquila, luchó por ella, buscó comprenderla, pero eso del entendimiento se volvió una guarrada parecida a las balas de paintball que tanto le gustaba ir a disparar con sus amigos, esos mismos amigos con los que celebraba dándose besos apasionados, para después restregárselo en la cara, provocándole celos. Era un hombre emocionalmente maltratado, aferrado a ese comportamiento porque a veces el verdugo se disfraza de amor, y a pesar de lo evidente preferimos creernos la mentira pensando que se vive mejor.

 “No soy un ser perfecto, he fallado tantas veces, y tantas veces lo he reconocido, he llorado, he gritado he maldecido, te he amado y al final, casi odiando esto, he decidido no seguir fingiendo un amor que quizá mal entendí, un amor plagado de reproches y de falsas esperanzas. Me volví un adicto a protegerte, celoso y maniático a veces, no me daba cuenta de que me manipulabas suciamente para después reírte de mí a puerta cerrada con tus confidentes. Te pido de corazón y sin casi rencores que te vayas de mí. Vete y no vuelvas ni a mencionar mi nombre, de esto queda una mascota en orfandad, y mis ganas de nada más que tu ausencia. Me quedan de experiencia mil intentos fallidos, mil conversaciones a la luz de la luna, mil esperanzas perdidas, tu encanto del principio y tu inteligencia mal empleada, también un par de viajes juntos, tu paseo con ese otro por Europa, y mi absurda resiliencia.

Ahora que no me necesitas, ahora que te bastas por ti misma, ahora que por fin he dejado de ser algo para ti, intentaré que dejes de serlo para mí, espero empaques tus chantajes, tus mentiras y tu amor interesado, porque si te vuelve a ir mal en la vida, ya habré cambiado la cerradura de mi casa, de mi corazón y de mi alma para siempre. Ahh, no te olvides del cuchillo con el que has amenazado con cortarte las venas, ese que te he arrebatado a empujones, el verdugo cómplice con el que no te cansaste de romperme el corazón y hacer que me rindiera de nuevo ante una actuación de magistral crueldad. Fuiste mi Luz, fuiste mi anhelo, fuiste mi abrazo y mi esperanza, aun sabiendo lo que realmente eras, quise salvarte de algo que ya no tenía remedio ni salvación posible. Para siempre adiós Luz” le escribió en una carta que al salir le dejó pegada al frigorífico.

Ese hombre le había dado todo de él, mientras ella hacia uso de sus fantasmas para que atacaran su humanidad, y sintiera lástima. Se apartó de sí mismo dándole hasta lo que no tenía. Justo lo que no tenía le llevó un par de veces a la calle a buscar refugio en brazos de otras ganas, de otros besos, de otro vaho, del que con certeza hoy no recuerda ni su nombre. Guarecía las ganas rabiosas de contacto, porque ella y su egoísmo le dijeron a la cara, que preferían a otro porque él no era suficiente, aun así, recogió su ego de hombre, lo remendó, lo colgó en un rincón del armario y se lo fue poniendo a ratos, sólo a ratos.

Pero en medio de la nada fresca, de la nada verde, de la nada oscura y rabiosa, dejó lo último que de ella le quedaba, se desprendió de su olor y de esas ganas y en medio de esa ausencia perfumada, despertó ante su evidente miseria, abrió los ojos y lloró hasta quedar inmóvil.

PD: Para un amigo, ese que confiando en mí compartió una historia de amor, de esas que duelen hondo, y te hacen más humano. He tomado lo que perciben mis entrañas y lo he convertido en otro de mis hijos, un relato que divaga entre las sensaciones de ser amiga de un ser humano imperfecto al que amo profundamente, al que he amado de tantas maneras, y que ya es casi imposible dejar ir. Un ser capaz de reconocer sus errores y afrontarlos, aunque le cueste el alto precio del amor de su vida. Love you Eye Soup. I decided to use your beautiful pic. Obviously without the female London spy… 

 

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Has vuelto…

No pudo contener la sorpresa de su retorno. Se lo ha dicho todo, le ha expresado el amor que por el siente, le ha dicho de nuevo, y con todos estos años de camino que le extraña, y que lo que siente es perpétuo. Ella es su pared en blanco, cada vez que regresa, ella quitará los cuadros, pintará de nuevo, y tapará los viejos huecos para que clave lo que le de la gana, también le escribe notas de amor, notas que al partir siempre se lleva en los bolsillos, las guarda para no olvidar el camino de regreso.

Cariño mío:

No hay que temer a la soledad, no temas volver a empezar, no temas conocerte. Estaré siempre aquí, para llamar al pasado tierno hacia un presente adulto, consciente y apasionado, como en nuestro último encuentro, cálido y desenfrenado, lo llevo tatuado en mi.

¡Te amo y te amaré siempre!

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Quimera…

Ante los ojos de su caracterizada presencia, todo era ordinario, viejo y polvoriento, estaba aburrida de tener que ensuciarse las manos, consideraba que lo suyo eran los palacetes a los que tenía acceso por cosas del oficio, el dinero fácil, la manicura , las cremas humectantes y los perfumes más costosos adquiridos en las boutiques del centro de la ciudad.  Nada tenían que ver aquel local de encuentros desaforados, los vestidos elegantes, la ópera y los manjares previos, con los aposentos de su amante de turno. Ella había alimentado su ego de una sórdida apariencia y de desmedida ilusión, ilusión que aquel hombre había aliñado a su justa medida en busca de diversión. El universo no se queda con nada, días antes le había echado en cara a la vida lo que pensó quedaría atrás con aquel macho ostentoso, guapo y viril. Pero en ese instante se dio cuenta de que todo era una farsa, simuladores de encorsetada burguesía, sórdidos e inconformes, adictos a lo que nunca tendrían por derecho propio. Mentirosos compulsivos incapaces de asumir la vida con los pies sobre la tierra…

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Entropía…

Sumó tanto que al final se quedó con nada, la nada que en un principio le supo a amor, y que no le cabía en el pecho…

El engranaje perfecto. Los colores, las luces, el maquillaje adecuado, un vestido glamuroso, y música. ¿Cómo no enfatizar en la música para esta ocasión?. Eligió la melodía más dulce de todas. Pianos, violines y flautines de infarto, todo en conjunción con el tamaño de sus deseos. Estaba correspondiendo a lo que ella percibía de él; meses enteros de labranza sentimental, recogidos en una noche de sorpresas… La mesa era la guinda del pastel. Los olores de su comida favorita, la vajilla heredada de la abuela Iris, los cubiertos de plata y las copas de bohemia. La energía y el mimo concentrados en ese espacio eran tal, que las paredes sonreían y los enceres bailaban al compás de aquella sutil melodía. A la hora esperada sonó el timbre, el invitado fue recibido con bombos y platillos, el saludo perfumado con un beso tibio en los labios, el abrazo de manos y aquel: ¿Qué es todo esto Manuela?… En una fracción de segundo, la música dejó de escucharse, las paredes perdieron el brillo, y los enceres volvieron a su estado inerte, en sincronía, con la cara de circunstancia de quien venía con una sola intención. Decirle a la anfitriona de ensueño hasta luego y adiós. Él se iría para siempre, había encontrado el amor, y lo que tuvo con ella, era sólo producto de una deliciosa infatuación…

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El pálpito de la agonía

Capítulo II

Fernando Monasterio, era hijo del notario del pueblo, un hombre soberbio y de carácter agrio. Por todos era bien sabido que se oponía a la relación entre su hijo y María, por estar en polos opuestos de la sociedad, pero a pesar de todo, ellos buscaban la manera de estar siempre juntos, aunque a escondidas. Diez años atrás todo cambió; la madre de Fernando, murió repentinamente de una pulmonía, después de eso, su padre, decidió que el mejor lugar para el joven, sería la capital. Fulgencio Monasterio, se las había ingeniado para que Fernando, nunca regresara al pueblo. La capital representaba para el ego de Fulgencio, el futuro de un hijo, al que heredaría una gran fortuna, prestigio y alcurnia, para que así, olvidara a la hija del ya fallecido zapatero del pueblo. Ni una llamada, ni un sólo telegrama. María, nunca recibió respuesta a los cientos de cartas que le había escrito. En el pueblo todos sabían que se le había vetado. Pero a pesar del tiempo y de las difíciles circunstancias, los sentimientos no habían cambiado, estaba decidida a encontrarlo, vivía en el extranjero, se había licenciado como abogada, y para ella, había llegado el momento. Cogería sus maletas y se iría de vuelta a sus raíces, viajaría en busca del único ser capaz de redimir el peso de su atribulada existencia.

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El pálpito de la agonía…

Capítulo I

María se había sentado al pie de la ventana que da al patio buscando su olor, el olor de la sal que desprendía su cuerpo, cuando se quitaba la camisa, y corría motivado a cortar leña para la vieja chimenea. A pesar de vivir lejos del escenario de aquellos recuerdos, esos días habían quedado impresos en su memoria a fuego. Ella sabía que algún día volvería a verle, ese día le diría todo lo que hasta el momento de su partida no fue capaz de confesarle. Aquel secreto guardado entre pecho y espalda la estaba matando, y lo único capaz de darle consuelo, sería su reencuentro con Fernando Monasterio…

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Com – postura. Capítulo IV

Otro dia, otra cita, otra experiencia que derrite con cada tic-tac, el reloj  de  las ganas de Lucía. Su obsesión con el encuentro semanal era tal, que no concebía ese día sin él, sín esa voz que se adentraba en ella haciéndola perder el control de su pasividad para asumir su rol de fémina apasionada.

Curiosamente esa noche, el encuentro no se dió. Lucía, esperó impaciente, fumó dos paquetes de cigarrillos, miró mil veces la pantalla del ordenador, comprobó otras mil la conexión  y, hasta llamó a su proveedor de Internet para verificar que todo estaba en orden. Algo pasaba, su desconocido amo no apareció, no había forma de saber acerca de él, no conocía su nombre, ni su número telefónico, ni el color de su piel, ni su voz… 

Con la ausencia, todo empezó a darle vueltas a la cabeza, al ser consciente de que no sabía nada de nada, nada del extraño hombre de su cita semanal, se vino abajo…

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Com – Postura. Capítulo III.

Bailando…

La música en la habitación era estridente, Lucia, se movía sensualmente ante aquel ordenador, mientras veía como se masturbaba su amo. La habitación totalmente ambientada con un juego de luces intenso, desvelaba el carácter erótico del rojo y el negro de la decoración que, contrastada con la desnudez de una mujer diferente a la que todos conocían, la iluminaban, atrapada por el encanto y el colocón sexual que la poseía…

Las manos de Lucía, paseaban de arriba abajo, acariciando sus tetas, masturbando su sexo alebrestado que se derramaba por entre sus piernas. Sus labios pintados de rojo intenso, la hacían aún más llamativa y provocativa. No era una mujer propiamente delgada, era perfecta a la hora de exteriorizar todo el fuego de su pasión con esos movimientos delicados. 

Lucía, no se cortaba un pelo, estaba sintiendo, estaba llena de confianza y de ganas. El hombre del otro lado, su único espectador, el único hombre en su vida, no aguantó más, y ante una mujer eróticamente provocativa, sugestiva y sensual, se veía mermado, no podía contenerse más…

“Ven conmigo amor, ven conmigo, dame de tí,” la voz le llegó al vientre y se derramó ante una Lucía,  que hacía que su respiración fuera una carrera acelerada por llegar al tan anhelado clímax…

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Com – Postura. Capítulo II

Desnúdate…

Lucía estaba lista, eran el día y la hora de siempre… Responde con voz ansiosa: -Hola mi amo, Pensé  que  no llegaría a tiempo para empezar con nuestra cita habitual, estaba todo muy congestionado, y el frío hizo que los clientes salieran mucho más tarde por el pan… Desde aquel ordenador, se escuchaba la voz  de un hombre, una voz  con mucho carácter, penetrante y fuerte: Lucía, debes tener en cuenta que nosotros, nuestra cita, nuestros deseos y nuestro amor, son lo más importante, y están por encima de cualquier cosa.. -Lo sé, responde Lucía-.  Mi amo, prometo serte fiel y seguir deseando el momento en el que  muestres tu rostro, yo estaré siempre aquí. ¿Cuáles son tus deseos para hoy?. Pídeme lo que quieras, como siempre, soy tuya y solamente tuya, mi cuerpo te está llamando, háblame, dime:  ¿Qué quiere mi amo hoy?. Sin titubear, el hombre  al que Lucía recurrentemente se dirige cómo ” mi amo”,  responde:

Abre el cajón de las sorpresas, suéltate el pelo, píntate los labios de rojo, desnúdate entera y baila para mí…

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Com – Postura. Capítulo I.

Frío…

Es noviembre, todo está gélido. Lucía, se apresura en llegar a la estación central para no perder el autobús de las 21: 45. En casa la espera su madre para cenar, y va con retraso, hoy la pastelería estuvo muy concurrida, no entiende el motivo, pero justo hoy, todo se ha dilatado en el tiempo. Pero no es sólo la cena con su madre la que hace de su afán un calvario, debe llegar lo más pronto posible, para no perder la cita con su amado, un hombre al  que conoció hace meses en una página de citas, y con el cual se habla sin falta, cada jueves a las 23:00…

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE IX.

MIRÁNDOSE A LOS OJOS…

Lucila reposaba en el salón de la Mansión Moretti, cuando sonó el timbre, se apresuró a abrir la puerta, sin percatarse de que su madre venía acompañada de Tomás Silvestry… Segundos después, y consciente de ello, no pudo soportar el peso de las lágrimas que empezaron a escurrirse por sus mejillas, ese acto de sensilbilidad que emanaba desde la inmovilidad de su cuerpo, hizo que el joven se abalanzara sobre ella, regalándole el más noble y cariñoso abrazo. Lloraron juntos, se estrujaban como si lo hubieran hecho antes, como si se conocieran de toda la vida y de repente algo les   separase para de nuevo premiarles con la presencia mutua, de un sentimiento que ninguno de los dos sabía que podía sentir. Y llegó el beso, el tan anhelado beso del reencuentro con eso que todos cremos haber sentido alguna vez en la vida.  Era amor, el beso más largo que se habían dado en toda su vida. Ni Lucía fue capaz de preveer  lo que ese beso desató en ella, a pesar de haber besado tantas bocas y haber sido poseída un milón de veces… Flotaba, volaba como una pluma al viento, envuelta en la pasión que Tomás, le estaba haciendo sentir. Por primera vez en la vida, estos dos seres  se habían despojado de cualquier cosa que les cohibiera, de cualquier sufrimiento agreste. Ese dolor era diferente, ese dolor se dejaba querer,  ese dolor había movido cielo y tierra para reencontrar a dos extraños en nombre de lo que claramente era intenso y casi sin nombre.

Mariana, ordenó al personal de servicio a tomarse el día libre. La decisón de dejarles solos era justa y necesaria. Lucila y Tomás, desaparecieron entre el vaho de los ventanales de aquella habitacíon.  Ese día, el miedo salió despavorido, mutando en pasión desenfrenada, llenó sus venas de sangre, el latido de sus corazones sobrepasaba las paredes de lo conocido. Se amaron tan profundo que por instantes lograron habitar el uno dentro del otro. Se exploraron, contaron pecas, avistaron estrellas fugaces, cenaron besos tibios y de postre la miel de sus almas.  Por primera vez habían hecho el amor, y mojar las sábanas se había convertido en algo literal…

Sus cuerpos dejaron el vacío de la vida que recordaban. No había cabida para otro recuerdo más allá del de haberse poseido… Mirándose a los ojos.

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VIII.

INTRODUCCIÓN

Para cuando se dieron cuenta, habían pasado cuatro horas. Mariana y Tomás, habían conversado de tanto, que parecían conocerse de toda la vida. El joven abogado, no había distraido su atención ni un sólo minuto, escuchó la historia de Lucila, detenidamente y sin casi parpadear. La cirujana habitó la piel de madre con remordimientos, y, se encargó de contarle acerca de la vida de su hija, desde el instante mismo en que nació, y, el papel tan mediocre que ella había ocupado en ella. Tomás, estaba preparado para darle la sorpresa a la mujer que le había movido la existencia,  la que había sido capaz de romper sus esquemas, y estaba convencido, de que era una de las mejores cosas que había hecho en su vida… Nada le sorpendió, la situación en la que vió a su madre, le había preparado para la vida. Se había hecho hombre sabiendo que cada cabeza era un mundo y que cada mundo tiene sus dilemas…

Al dia siguiente, luego de una jornada llena de lágrimas, y de introducciones casi prosáicas, ladeadas en un poema de realidad. Mariana, Tomás, y Moranco, abordaban el avión para ir a desvelarle a Lucila, el descubrimiento del hombre que había marcado una nueva pauta en su vida…

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VII.

INCERTIDUMBRE…

 

“El lugar en dónde los poderosos pescan pasiones enmascaradas, sin correr el riesgo de ser descubiertos ante la mojigatería de una sociedad cortopunzante, y de doble moral… Todo, por un precio justo”… 

En aquel lujoso salón de vantanales plateados, todo era gélido. Era aire, ese aire que desprevenidamente anuncia la llegada de una tormenta, pero que ninguno de los presentes podía predecir. No había espacio para perfumar pasiones, ni tampoco para salir corriendo, estaba escrito. Era el momento de empezar a  ponerle rostro a las peticiones de auxilio de dos corazones empecinados, en la necesidad que les generaba pensar que sólo con la presencia de ese otro desconocido, que había  removido a la vecina de la curiosidas, podrían ser felices…

El detective Moranco, posaba en la esquina derecha en silencio, vestido con un extravagante traje color zanahoria, que le daba explícitamente el papel de punto rojo en aquella desconcertante fotografía. Tomás Silvestry,  paseaba las manecillas de su reloj, minuto si, minuto no, para no sostenerle la mirada a ninguno de los presentes. Por el contrario, Mariana Moretti, no había dejado de lado su teléfono móvil, dando instrucciones a sus asistentes “incompetentes”, por no encontrar alguna cosa que les había pedido. Tres extraños, citados bajo el secretismo del extravagante Danilo Di Fiore, que tenía miles de razones para descubrir  la respuesta de una búsqueda ciega, sorda, y, hasta ese momento casi muda, que había durado un año…

30 minutos después de tan “silenciosa” espera, Di Fiore, entró al salón,  disculpándose y dando las gracias a los tres receptores de su lambonería, y cinismo disfrazados de señorío.  Las damas primero; Se presentó ante Mariana, la única que no le conocía, como el administrador de LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS; Definió aquello como: ” “El lugar en dónde los poderosos pescan pasiones enmascaradas, sin correr el riesgo de ser descubiertos ante la mojigatería de una sociedad corto punzante, y de doble moral… Todo, por un precio justo”… 

Después del sonsonete, el estirado Di fiore , se dirigió a Tomás: Señor Silvestry, la señora Mariana Moretti, y el detective Javier Moranco, vienen desde lejos, y…son los representantes de quien en su momento escribió al igual que usted, solicitando el listado de los asistentes a nuestra cita anual del pasado verano… Como ya se dan cuenta, he cumplido con lo establecido en nuestro contrato verbal. Pueden quedarse aqui, y disfrutar de nuestra hospitalidad… Ha sido un placer haber podido servir a tan ilustres ciudadanos. Hasta siempre, y a sus órdenes…

La puerta se cerró detrás del taconéo de Di Fiore, dejando a Mariana, Tomás y a Moranco, bajo la gélida incertidumbre de una tormenta que había empezado a llover tímidamente…

Faltan tres capítulos para el expectante final.

CONTINUARÁ…

 

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE VI.

EL PACTO

Todo tiene un precio, Danilo Fiore, había accedido a dar la información requerida por el detective Moranco, a cambio de una suma de dinero innombrable, bajo sus condiciones y con estricta confidencialidad.  También se había hecho con la oferta de Tomás Silvestry… Cada uno desde su lugar de origen, debía esperar la hora y la fecha del encuentro, todo previamente pactado…

Ésta vez no sería una carta la portadora del mensaje, se verían frente a frente. Todo estaba escrito…

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE V.

REVELACIONES

Lucila, sufría de una terrible patología, empezó a padecerla después del  fatal deceso de su padre en un accidente automovilístico cuando ella apenas tenía 13 años. Descubrió entonces el sexo, el alcohol y las drogas, e hizo de ellas su compañía inseparable. Desde entonces, su madre, Mariana Moretti, reconocida cirujana plástica y heredera de una gran fortuna, había invertido cantidades extraordinarias de dinero intentando curar a su hija para poder guardar las apariencias ante los círculos más selectos de la sociedad y los medios capitalinos, pero eso ya era un secreto a voces. Las orgías de la joven eran las más apetecidas del submundo, y ya poco era lo que se podía mantener bajo llave. Su relación nunca había sido buena, la niña fue la hija mimada de papá, y nunca había podido tener contacto cercano con ella después de los diez años, siempre fue muy independiente, y ella estaba muy ocupada haciéndose un nombre entre los nip/tuck de la ciudad.

Con el paso del tiempo Mariana, era consciente de que su hija, sólo sanaría al encontrar la motivación correcta, y al parecer había llegado la hora… Ser ninfómana y los cambios en su estado psicótico, habían sido la constante batalla que Lucila, nunca había podido ganar, pero al conocer a Tomás, todo había cambiado… Esa noche Lucila, volvió a ser vulnerable, volvió a llorar, buscó afecto en los brazos de su madre como cuando era una niña, y con el pasar de los días le relató la historia y le pidió que le ayudara a encontrarlo…

Mariana, tomó acciones inmediatas,  le había pedido al detective Moranco, encontrar al misterioso hombre al que había conocido su hija en aquella fiesta, era el último intento, era el despertar de una nueva vida para Lucila.  La tarea del investigador no tardó en empezar a dar sus frutos, iba camino del aeropuerto para abordar un avión hacía Ciudad de los Espejos. Después de mil intentos tenía una cita concertada con Danilo Fiore. En su bolsillo, llevaba la carta con la negativa a la solicitud de la lista de invitados que había sido devuelta a su remitente, y una cantidad de dinero suficiente para comprar la voluntad de quien fuera necesario…

 

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE IV

 TRUEQUE

Del fondo de aquella ostentosa oficina, salió un hombre Alto y muy delgado, impecablemente vestido. En su mano un hermoso reloj hecho a medida con incrustaciones de diamantes en el que claramente se leían las iniciales DF, imposibles de no ver… Sus gafas oscuras de marco negro gigante, y su voz, hicieron que Tomàs volviera de golpe a aquella noche…

Fiore, era el hombre detrás de la máscara de inmenso plumaje que había dado la bienvenida a los asistentes a la fiesta . La particularidad de su voz y su forma de mover las manos al hablar, le delataron… Pero  su atuendo despistó a Tomás… Estaba vestido de mujer, y dominaba los zapatos de tacón con mucha facilidad.

-Señor Silvestry, noto en usted cierta perplejidad por mi manera de vestir… Quiero que entienda que lo que ve, no determina la seriedad del trabajo que realizo, soy un hombre respetado, y en mis círculos más íntimos, saben de mi gusto por la perfección y las prendas de mujer diseñadas a medida, y en exclusiva para mi. No se sienta incómodo, me complace poder atenderle…

-¿cómo puedo ayudarle?.- 

Tomás volvió a lo que realmente le interesaba, quería saber quién era la otra persona que había solicitado el listado de los asistentes de aquella noche… Fiore escuchaba atento mientras Tomás hablaba, Le sorprendía la profundidad de su necesidad…

-Me conmueve su historia señor Silvestry, pero las políticas son las políticas, y no puedo hacer nada por usted…-

-Por Favor señor Fiore, todo tiene un precio, cuánto vale lo que le estoy pidiendo. ¿dígame qué quiere que haga por usted?, cualquier cosa, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa… Necesito volver a verla, ¡ayúdeme por favor!

 

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE III

LA PISTA

Tomás volvió a la oficina después de nueve meses de ausencia. Su rostro no refleja alegria, pero está esperanzado  en que con el paso de los dias al frente del nuevo grupo de ejecutivos Junior, del prestigioso buffete de abogados de su padre, pueda dejar de lado lo que lleva un año  sin poder resolver…

Empezó por abrir la correspondencia de las últimas tres semanas, había pedido a Ofelia, su secretaria, que no volviera a enviarla a casa.  Dentro de aquello había un sobre blanco, con un sello  muy particular, cuyo remitente:   LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS, Calle de los secretos Nº 26, Ciudad de los Espejos.  Se dispararon sus sentidos, hace  nueve meses había escrito a ese lugar, solicitando la lista de invitados de aquella noche…

Estimado Tomás Silvestry:

En respuesta a su solicitud, debo comunicarle que nuestra política de confidencialidad no nos permite facilitar los datos solicitados por usted. Lamentamos tener que negarnos a su petición. Cabe resaltar que en los casi siete años llevando a cabo estos encuentros es la primera vez que alguien hace este requerimiento,  pero si es de alguna importancia para usted, le informamos que hemos observado con asombro,  el hecho de que en esta ocasión hemos recibido otra petición similiar desde Bruselas, y la respuesta ha sido exactamente la misma…

Espero encuentre pronto lo que busca…

Siempre suyo,

Danilo Fiore.

 

 

 

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LA CASA DE LAS CITAS A CIEGAS. PARTE II.

LLAMADA A LA ACCIÓN

 

Detective Moranco, mi nombre es Mariana Moretti. Lo he citado aquí esta tarde, porque me han hablado de lo que es capaz de hacer para encontrar las respuestas que buscan quienes le contratan… También sé de su adicción a las mujeres, y por lo que veo, también su mal gusto a la hora de escoger qué vestir. Necesito encargarle un asunto bajo la más estricta confidencialidad…

Ya tiene referencias de la situación por lo que me ha informado mi contacto. Necesito que se prepare para lo que va a escuchar.

Tome nota…