Poesía

Arrabalera

Viene del sur de esos encantos con olor a deseo.

Va embutida en algo que nadie logra descifrar.

A los pies de los caballos de una suerte puta.

Vendiéndose sin saberlo de esquina en esquina,

con la espalda mojada, y el corazón reseco.

El cantar de sus caderas,

la estridencia de su andar.

Lleva el sello de la resiliencia tachado en la línea negra de sus ojos,

macera entre aguardiente sus pasos, con la entrepierna casi al descubierto.

Y su melena sacudiendo la terquedad del humo del cigarro que va quedando atrás.

No la puedes poseer si ella no te lo pide.

Sus polvos no son baratos,

dicen que con ellos a más de uno ha matado…

Si le tocas el alma con la fibra de tu canto será tuya para siempre, al módico precio de un cigarro y algo de pan…

se mueve como nadie, eso dicen.

Un viaje de ida y vuelta a ninguna parte que se conozca…

poseedora de un coño ardiente,

eso dicen…

La llaman arrabalera.

Muchos piensan que está loca,

grita cuando quiere, y si quiere llorar, llora…

Arrabalera sin dueño, sin ley, sin auxilio ni socorro.

Desde su piltra raída invoca en sus plegarias a la esquiva muerte,

se escuchan a través de la ventana sus rezos como en romería.

Arrabalera valiente,

bala perdida, chucha caliente…

3 comentarios sobre “Arrabalera

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