Poesía

Aciago placer.

La oscuridad de su alma lo engulle,

siempre la ha amado, y, a pesar de cualquier cosa, siempre la amará.

Algo le corroe por dentro, lo sabe, hoy lo ha notado en su voz.

Sus labios han dejado de vestir el rojo que tanto le gusta.

La manera en la que respira es diferente.

Ya no le motiva el verano, hace mucho que no le mira a los ojos,

hace mucho tiempo ha dejado de hacerlo.

Pero la oscuridad de su alma le engulle, y nunca se detiene, revelando la debilidad que por sus huesos él siente.

Sí, el sonido de su voz es único,

es consciente de que si volviera a escucharla como antes, no dudaría en correr detrás de ella.

Podría dejarlo todo, perder la cabeza, la razón y hasta su propia piel.

Pero aún queda una cosa, aún hay algo de esperanza:

cuando hacen el amor se transforma, es como si algo en ella se rompiera.

Quita las capas de toda esa parquedad, para convertirse en una mujer violenta, ambiciosa y codiciosa…

Hacer el amor con ella es resucitar para luego morir lentamente… y volver a empezar, sumido en el infausto que la viste…

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