Poesía

Lágrimas negras.

Estos campos arden a causa de la cerilla que imprudentes han tirado en pasto seco.

Pronto llueven lágrimas que se derraman como si el monzón se hubiera acelerado, apagando las llamas de mi rabia,

todo es agua, fango, hojas secas flotando, y el canto de los grillos enzarzados que por instantes me desespera.

Estas lágrimas son mías, mías y de nadie más.

Lágrimas negras cargadas de agonía, aferradas a la esperanza de algo que no conozco y que tampoco logro intuir.

Me conformo con saber que, después de esto, volveré a calzarme los tacones rojos, y enjuagaré mis pechos desconsolados con agua de azúcar.

Me pondré en pie y destrozaré el amor de quienes me llaman puta pero se revuelcan en mi púbica osadía, dejando en la mesita de noche sus monedas de caucho.

Negras volverán a ser cada una de las lágrimas que caerán mañana, y el día después de mañana, porque mi esencia se tiñe del color de mi piel, y eso no cambia.

Negras son las ganas que ahora llevo sobre los hombros

revueltas entre un amor mentiroso que pensé había exorcizado los demonios de mi carne

lamiendo mi vagina humedecida producto de la ignominia con la que se me ha señalado.

Negra es la furia con la que devuelvo la ironía de sus sonrisas preñadas de inquina, y de pelusa podrida.

Negra soy yo, negro el coño que me parió, negro mi deseo.

Fotografía tomada de Pinterest.

9 comentarios sobre “Lágrimas negras.

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