Poesía

Radioactividad…

Sigues la huella de sus besos como leyendo un mapa…

Se te olvida que los mapas nunca dicen la verdad de las cosas.

Esos engendros cartográficos son bichos capaces de enchufarte inyecciones de cosas sucedáneo de otras muchas que no están al alcance de tus manos; nos engañan como se engaña a un infante con caramelos de colores, los odio.

Ya te lo he dicho, y en voz alta…

Vas siguiendo la huella de esos besos que se te escaparon haciendo uso de su voluntad, dejando sembrados en tu pecho helechos radioactivos.

Tu pecho es eso, un campo minado con la herencia de esa bomba emocional corrompida que él dejó en ti.

A ver si le encuentras, sé que no es para besarle desde luego; ese sería el deseo cumplido de los labios de una vulva indecorosa. ¿o acaso me equivoco?

Mapas, malditos mapas…

Si fueran tan serios como dicen, debieran señalar el terreno que habita ese malandro emocional, como el ‘Chernóbil’ del ‘amor’

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