Poesía

Tu y yo, ambos, juntos, los dos…

Octavo poema de la serie “Queriendo a un extraño”…

La noche empezó con ese beso en la estación…

Eran pasadas las nueve, y arriba del todo estaba la excitación, sin expectativas, sin ninguna ambición.

Sólo quería tenerte, mírarte, tocarte y eso, que al final pasó,

besarte, besarte, besarte.

No hubo divagaciones, seguido de eso se descarrilaron todos los vagones.

Al son de Whitney, se movieron mis caderas, y me fui desdoblando cuando a punta de vino y sexo, bailaron arrebatadas las muy pajoleras.

Tus ojos verdes se fijaban en mi ritmo, casi loco, casi cuerdo, todo era casi un circo.

Yo, deshinibida del todo, ya con mis demonios desterrados, no pensaba en nada más que en mis incendios sofocados,

No importaba la historia, no importaba el pasado, sólo era importante vivir, amar y ser amado.

La noche era larga,

los vidrios empañados, y las ganas aún ardían como mecha en paja de verano.

Mis entrañas desbocadas, los rasguños, la risa, la charla y el inevitable llanto,

nos hicimos de verdad, más sinceros, fluidos y hermosamente humanos.

Ante tanta desnudez, la vergüenza se había fugado,

no había espacio para juzgar, no hubo críticas, no hubo reparos,

imperfectamente hermosos, desdoblados, compenetrados.

Al final de ese último polvo, nuestros cuerpos ya cansados, a dos horas de la puesta de sol se rindieron, y dulcemente, en los brazos de morfeo, descargados claudicaron…

5 comentarios sobre “Tu y yo, ambos, juntos, los dos…

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