historias de fémina...

Un amor que reconforta.

Días en los que no basta levantarse de la cama, ni persignarse y sostenerse sobre el pie derecho.

Días en los que respirar duele,

es como si crecieran estalactitas a través de la piel, de tanto llorar para dentro.

se congelan los ojos,

 se congelan las manos,

se congelan los pies. Pero…

Él siempre regresa,

al final del día, siempre regresa,

Vestido de: “Hay que seguir” “Me tienes a mí” …

llega con la mirada tibia,

besando mis labios resecos,

preguntando cómo estoy…

Y yo… casi siempre le digo lo mismo: Bien…

No me apetece llenarle de quebrantos,

pero lo sabe,

lo sabe todo.

Sabe que me duele la vida,

sabe que me cuesta levantarme de la cama,

a pesar de su beso y del ritual de despedida matutino.

Sabe que soy un manojo de problemas ensartados como hilo en una aguja oxidada,

cosiendo con manchas la colcha de dolor, en la que se sume mi existencia cada vez que el día asoma.

Prefiero la oscuridad,

prefiero no mirar de frente al sol,

prefiero quedarme a oscuras,

a veces, sólo a veces lo prefiero.

Pero está él,

con sus enormes ojos de color esperanza,

dándome amor.

Aparece dándome más de ese amor silente,

ese amor que no musita palabra,

Ese amor que acaricia y me levanta…

Ese amor que reconforta,

Ese amor que es de verdad…

Me ama a pesar de que tengo la piel rota…

Un comentario sobre “Un amor que reconforta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s