historias de fémina...

Con – Sentido

Comparto con ustedes el relato con el que participé en la antología ¿Quieres ver mis lunares?. Escrita  por 20 mujeres y publicada en Guadalajara, México, por la editorial BisconVerso. La antología fue lanzada en junio de 2017, durante la pasada feria del libro de la misma ciudad. Gracias a todos por el tiempo que se toman para leerme, todo mi cariño

Hace un par de días, luego de haberme divertido tanto con JC, en aquel pub swinger, con el cuerpo un tanto cansado, atareada y llena de cosas por hacer de cara a una nueva semana, tuve un encuentro descarado, maravilloso e inesperado.

Marcel Martí, es un hombre mayor, como me gustan a mi, tiene al igual que JC, 55 años, delgado, de baja estatura, comercial curtido, de una empresa de productos alimenticios, siempre bien vestido y con paso ágil, curioso y poco atractivo, o al menos ese atractivo nunca lo había notado hasta esa noche. Recibí su llamada a eso de las cuatro de la tarde de aquel domingo, no tenía muchas cosas claras en mente  y acepté su invitación para salir después de tanto tiempo, para conversar como habitualmente, pero ese habitualmente dejó de serlo dos horas después de nuestro encuentro,  cuando estando sentados en el salón de su casa se quitó los espejuelos y me miró fijamente a los ojos, no había notado lo perfecto de su dentadura, quedé asombrada, quizá por eso mismo. Nunca lo había visto más que como una buena compañía a la hora de un café.  Nunca le había detallado con minucia. Lo más curioso, es lo psicorígido que sé que es, y eso suele distanciar emociones. Su casa es el reflejo de su personalidad, en cada detalle perfectamente colocado, las copas en el biffé, los muebles, las cortinas, todo de un color amarillo muy claro y apacible. El ambiente me dejó de una sola pieza. Por instantes tuve ganas de desordenarlo todo. Entré al baño y al salir, volví a la comodidad del sofá, donde me esperaba, en ese momento lo supe, sabía que algo estaba a punto de suceder, tenía el deseo encendido, podía verlo en sus ojos casi ámbar, esos ojos me miraban con ternura loca, me sentí profundamente invadida. Marcel, me observaba de manera distinta. “Eres muy guapa me dijo”. Lo que no sabía Marcel, era que no me creía ese tipo de cumplidos, no suelo creerlos porque a la hora de conseguir lo que quieres, si de verdad lo deseas, dices cualquier cosa a cambio; además,  nunca me lo había dicho, estoy totalmente convencida de que hasta ese día no me había visto de aquella manera, de la manera en el que en ese preciso instante me estaban observando sus ojos, no lo juzgo, a  mi me pasó igual.

Marcel, estaba lleno de deseo y la culpa era del rojo de mis “labios enteros como una fresa al tiempo”; eso dijo él. La expresión se resume en que tenía unos labios carnosos y atractivos, que él deseaba  besar apasionadamente.

Resistimos una hora al frente de la televisión viendo un programa sin mayor importancia, mientras acariciaba tiernamente mi espalda; me había servido una copa de vino blanco,  que se volvieron dos y tres… empezamos a besarnos, la verdad es que no me sentía del todo cómoda con ese primer acercamiento, pero no aparté su boca de la mía en ningún momento. Al segundo beso algo pasó, su hechizo surtió efecto y empecé a verle con otros ojos, con  ojos de deseo, es como cuando tienes hambre y debes escoger entre un delicioso plato de pasta  y una lechuga. Mi voluntad estaba siendo quebrantada por un hombre al que nunca me había imaginado besando de aquella manera, al que ni en mis más remotas fantasías encontraría atractivo. Bien dice el dicho: “No escupas para arriba que la saliva de puede caer en la cara”… debo confesar, que cuando menos lo imaginaba, estábamos totalmente desnudos, besándonos y acariciándonos delicadamente. Su cortejo era tan sutil como brusco, pasó inadvertido hasta que me tocó. Sus besos entre tímidos y grotescos, el olor de su deseo, sus delicadas manos sobre mi  y el ambiente casi flotante en el que nos encontrábamos, nos llevaron a un coito explosivo. Sus embestidas eran constantes y punzantes, sabía cuando penetrarme con fuerza y cuando bajar las revoluciones de su motor en llamas. A medida que pasaban los minutos me sentí más atraída por su delicioso sexo, no olvidaré nunca que al momento de bajarme las bragas, tocó delicadamente mi vulva para luego sin reparo alguno, enterrar su cabeza entre mis piernas desprovisto de todo complejo, haciendo que su lengua jugara con todo lo que yo podía darle. La sensación de gozo era tanta, que lo quería pegado del todo conmigo,  deseaba que no hubiese espacio ni para la más mínima partícula de aire. Su movimiento de cadera acoplado al mio era casi un bolero. Me atrevo a decir que había sido el  mejor sexo que había tenido hasta ese momento de mi vida. Marcel me estaba atravesando con fuerza y dulzura; estábamos disfrutando del sexo con todo nuestro ser y eso se notaba cuando me besaba, sentía cómo su boca se derramaba en la mía…

Me gustó, me gustaba, quería más, mucho más, quería que su diminuta existencia de pene fornido  entrara en mi, estaba siendo mio, lo estaba devorando con mi calor, lo estaba guisando a fuego lento, en los jugos de mi libido anegada. Lo más exótico de esa tarde, fue el momento en el que empezó a cantar como pudo el poema 20 de Neruda, para mí, los poemas de Neruda representan la perfección de la imperfección del ser. “Me gusta cuando callas porque estas como ausente…..” no existía la más remota posibilidad de reprimir mis orgasmos, todo se nubló y empecé a verlo en cámara lenta, empecé a volar, me transporté allí donde se va cuando se es poseído de aquella manera, allí donde habitan las necesidades ocultas de una mujer en absoluta excitación,  estaba  pidiendo más, pidiéndolo todo a Marcel. Entre sus gemidos y los míos todo era calor, deseo y vaho…

Ese día fui otra, no era la misma mujer reprimida de hace un año. El mundo del sexo y los encuentros espontáneos con JC y Marcel, me habían hecho sentir consciente de mi y de lo que deseo a la hora de entregarme, como dos hermosos lunares. Ese hombre me había despertado con la deliciosa sensación de aquellos besos, de lo inesperado y explosivo de la experiencia. Al terminar todo fueron risas incontenibles, fui feliz. Lo más irónico de todo esto, es que cuando llegué a casa y revisé  mi taquilla de correo, había algo a mi a nombre, era la reciente obra de Coelho, “Adulterio”.

A la mañana siguiente, aún tenía entre mis entrañas una sensación de plenitud y de libertad, que sólo podía desearle. Ese hombre había desvirgado mi deseo solapado de ser amada delicadamente, de ser poseída por quien no esperas. Me había escrito un mensaje: “ Anoche me sentí hombre contigo, nunca lo había hecho así. Gracias, Marcel”. Nada pudo enturbiar la paz que sentí esa noche, mi cuerpo empezó a tener un  nuevo sentido, a desear con ganas. Los días siguientes, nada podía quitar el olor de su boca de mi rostro, estaba absorta por tan delicioso manjar servido a tiempo y con hambre. Quizá haya pecado, quizá había profanado mi cuerpo, había cedido sin planearlo a mi deseo, estaba desatada, con ganas de más,  absorta y por primera vez en 35 años, sexualmente satisfecha, consciente y realizada…

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3 comentarios sobre “Con – Sentido

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