Poesía

Acoplados…

Vestido de optimismo y sensualidad entraste por esa puerta aquel sábado noche, me miraste de pies a cabeza, mientras mi yo más expectante, perfumado, maquillado y resolutivo deseaba tocarte. Besaste mi boca suavemente, mientras mi yo carnal, luchaba por mantener la compostura y no meterte la lengua hasta tocar la campanilla que hace resonar esa deliciosa voz. Me fui calentando, se me subieron los colores a la cara, aún después de aquellos besos de buen presagio. Salimos a la calle, tomados de la mano, mientras tu umami, seguía en la punta de mis labios, pinchando a mi lengua para que dijera algo “inadecuado”…

Llegamos a ese sitio de luz tenue y yo, no podía dejar de mirarte, tus ojos parlanchines no dejaban de decirme cosas que yo intentaba descifrar objetivamente, para no acelerar el paso de lo nuestro, ese algo que apenas estaba empezando a florecer. Debo confesar que esa noche, las inseguridades empezaron a tintinear en mi cabeza, intentando despistarme y sacarme de aquel estado delicioso en el que me encontraba contigo; No pudieron, el olor empalagoso de tu aliento, empezó a quedarse por todas partes, mientras como dos adolescentes, entonados por el vino y la cerveza, éramos incapaces de desprender nuestras bocas de tan gustoso maridaje. Pasaron las horas, regresamos a casa por el mismo camino, entre abrazos, carcajadas con mucho eco y ganas, ganas en demasía. El compás de aquel encuentro, luego de entrar por esa puerta, parecía marcado por el golpe de tambores a la luz de la luna,  en medio de una selva de desaforo pasional, humedad, gemidos y el sexo más prometedor del mundo…

Tus manos gigantes, tu boca recorriendo mi cuerpo, la ropa a medio quitar, mi sexo en llamas, tu pene erecto y a punto de explotar… De repente y casi sin darnos cuenta, estábamos tan acoplados, bajo el efecto del indescriptible sazón de nuestras ganas, que nada puede describirse como aquello. Fuimos tigre, gato, perro, pantera, pájaro, rana; sudábamos como animales, mientras a punto de explotar, intentábamos describir con gemidos hablados, la sensación de dos cuerpos, perdidamente enamorados y engullido por un orgasmo que al unísono, despegó ds nuestra caja de resonancia un grito libidinoso de éxtasis y plenitud carnal…

Para FEM.

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