Poesía

Entre fogones…

En su justa medida…

De adentro hacia afuera, con una previsión milimétrica…

La superficie del plato principal, visiblemente crujiente, denota la ternura de un jugoso interior, puedo sentirlo, olerlo, lo se…

Te vistes con el color de la ilusión, para mezclar los ingredientes de tan expectante festín…

Y…Una deliciosa costra de piel morena, con sabor a sal, que con vena castellana has sabido conjurar…

Marinas cada pieza al ojo, para casos de excepción y añejo desamparo…

Los olores que emergen de ese lento chup, chup, chup, son de una ingente cantidad de sazón y mimo…

Me gusta el delantal en el que revuelcas tus manos con calculada frecuencia…

Se siente el calor del fuego, fuego que crece según la necesidad de la cocción en cuestión…

  Se me hace agua la boca, el vino que me sirves se acaba de un sorbo…

El picoteo se ha ido a las manos…

Quema el paladar de lo que sale a punto, pero poco importa, es fuego, fuego de vida…

En menos de nada la mesa está servida, de poco ha servido el menaje, las manos son más que suficientes, lo mejor está en ese relamer de manos que al  untarse saben a gloria bendita…

¡Qué bien cocinas por Dios!…

No será necesario el postre, no para mí, prefiero un cigarro y una copa de vino; No me cabe más después de tan suculenta faena…

Déjalo para después… FEM.

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