historias de fémina...

El rito mañanero…

Después de los buenos dias, lo que más me gusta, es besarte la espalda, que te gires despacio, comernos a picos, sentir tu aliento, mírarte a los ojos y decirte te quiero…

Con FEM, todos los amaneceres son bonitos, no puedo decir lo contrario, pecaría si asi fuera; Hace mucho no experimentaba la sensación de ser besada en las mañanas, besada anhelando serlo; tener otro cuerpo pegadito y tibio que me recuerde con el roce que soy mujer y que eso me gusta, me  gusta muchísimo, y esa bonita sensación, se la debo a mi “dulcito e coco…”

Mi hombre es de esos a los que les gusta besar, mirar a los ojos, de los que te llevan de la mano, cocinan rico y son afiliados  con claúsula de renovación automática, al polvito mañanero…

Mi hombre es de los que te lo comen todo, te recorren con paciencia, conocen cada centímetro de tu cuerpo y follan como los dioses… Nunca he estado con un dios, pero esa humedad constante en la que vivo, aún estando a kilómetros de tí…

Mi hombre es de manos grandes, hermosos ojos que me recuerdan el mar en donde nací, largas piernas y un apetito sexual exquisito que se deshace en mi boca…

Mi hombre no es solo mío, también es tuyo, y tuyo… 

El ritual de las mañanas con FEM, se sazona con buen roce, de ese que se te escurre por las manos mientras rebañas tus  dedos, para no perderte de nada; Es como un toque de ajo negro y aceite, sobre una tostada calentita, es como agüita fresca con sed, como pan duro con hambre, ¡mi hombre me encanta!

Las mañanas con FEM,  saben a café calentito, como ingrediente básico para acuñar la felicidad que  te queda en el cuerpo…

Mi hombre es noble, de carácter afable, sencillo, poliamoroso, constante, de un si o un no, contundentes, generoso, currante, delicado y paciente…

Mi hombre no es perfecto, pero sí correcto, temeroso del amor porque dice no conocerlo…

Mi hombre es maduro, con alma de niño, ilusionado, encantador, entrañable y  ¡guapo!

Ese hombre me ha conquistado a punta de besos jugosos y ahora…

Ahora me tiene embelesada y con adicción al rito mañanero… No sé cuánto me dure ésto, pero pienso comérmelo a trozos, racionado y despacito, como le gusta a él…

Felíz cumpleaños cariño mío, gracias por tanto, gracias por darle alegría a mi mundo, por haber aparcado aquí, en donde se te ama y respeta profundamente.

 

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