Poesía

Aluvial.

Ya no volveré a sentir lo que de tí quedaba dentro de mi

se me han quitado las ganas de todo

llevo días sin que me toque el agua y mi sexo parece no haberlo notado, desprende un olor a primavera.

El aluvial de emociones contradictorias que se ha acumulado a las puertas de mis entrañas es desconcertante

todo es dolor.

Estoy esperando a que por obra y gracia del espíritu santo se desvanezca porque yo sola no puedo

tus restos me los ha arrebatado el destino, como quien le arrebata un dulce a un niño en medio de un festival de caramelos…

Te siento en la distancia, te me vas de a poco y no lo soporto.

No lo soporto porque era lo que de tí me quedaba

estabas prendada de mi aliento, y ya no…

El sabor a calostro constante en mi paladar se esfumó…

Ahora sólo me quedan fuerzas para nada, y nada más que nada…

He puesto tranca con fuerza a puertas y ventanas, para salvar lo que queda de tu palpitar dentro de este cuerpo atrofiado el mayor tiempo posible…

Ahora voy a intentar cerrar los ojos para olvidar que me está doliendo

Con los ojos abiertos me parece que el dolor se burla de la sarta de calmantes que me dan…

También se está mofando del del coraje estéril con el que le encara mi mirada disoluta.

Poesía

Apóstoles de la carne.

Tenencia, de adentro hacia afuera

Vives recostado en las entrañas de mi pecho descubierto, mientras yo jugueteo en los charcos que llueven de tu sangre

festejando a cada instante en el frescor tardío del verano a la sombra de tus venas

Nos tenemos y regresa lo bueno

se borra lo malo, dejando de lado el pensamiento,

dejando en blanco el cuaderno de los halagos,

enviando a la hoguera los reproches del pasado que es hace solo un segundo…

esculcas cada latido tallando en ellos nuestros nombres, mientras mi yo más cobarde intenta la huida suicida del maldito miedo; pero es solo un instante…

Abro entonces la ventana del auxilio, y me aferro a la belleza de tu escrutinio, mandando a la mierda mis temores; amándote, cagándome en tí, volviéndote a amar…

Ahí es cuando decides salir abruptamente para volver a penetrarme, esta vez desde afuera, conjurando mis quejidos.

Vas por delante

me tomas entre tus brazos machos dándole puñaladas de carne y hueso a mi aliento, hasta dejarlo profundamente dormido…

Y así… entre mis mis sueños, casi consciente, viene a mí la parábola del cuerpo consagrado a los pecados de este tollo almibarado, santificando nuestros alientos…

Fotografía tomada de Pinterest

Poesía

Ambiciones.

Placer

hervidero de amaneceres encendidos

cuna de hombres y mujeres en remojo constante

salmuera rosa y vino blanco, maridaje ocasional a sábana puesta…

El tintinear de los atrapasueños apostados a los cuatro costados de esta casa sin techo, se queda con los suspiros desesperados de quienes la habitan.

Somos producto del alimento líquido de la carne

un océano de sensaciones infestado de tiburones sin dientes a los que también les han cortado las aletas

sufren sumergidos en el limbo del desastre y la ira…

Deseamos lo inalcanzable

el calor nos obliga a una desnudez avergonzada, porque lo nuestro nos sigue pareciendo una miseria.

Vemos en el espejo el reflejo estéril de una mentira disfrazada de colores

anhelos fosforescentes tejidos en colchas de piedra.

Nos pesa la vida

nos pesan estos sexos cargados de caricias no dadas, de penetraciones inconclusas, o, con el sello de lo efímero

nos cuesta amar amando.

Nos cuesta reconocer que nos faltan dedos en las manos para contar la frustración que nos embarga.

Me he sentado hablar con ella, sí, con la mujer de la casa de al lado, se fumaba un cigarrillo mientras yo buscaba el frescor de la tarde, ella es imponente, altiva, guapa, pero de mirada triste…

Tiene tantas ganas de follarse al que en ocasiones le saluda, al mismo con el que había estado coqueteando semanas antes y durante los primeros días de la hecatombe viral.

Lleva tantas ganas

lleva tanto fuego reprimido que el antojo le ha hecho olvidar al que lleva meses metido en el congelador

a ese que muere lentamente en la parte trasera de su infeliz vagina… ambiciones, sólo eso… ambiciones…

Poesía

La suerte está echada.

Raíces laberínticas

entre tu y yo, como en un manglar

entre la tierra y el mar

entre tu orgasmo y el mío

entre tu cielo y mi infierno

la suerte está echada.

No hay poder que mueva mi barco de la orilla de tu recuerdo impúdico, por ahora…

algo masoca si soy.

No hay canción que no suene a los chasquidos de nuestros cuerpos en movimiento copulante

revelando la fragancia obscena de dos sexos bajo fuego.

No hay día en el que no anhele tenerte fijado en mis pupilas como el rojo a la sangre.

Me masturbo con el olor de tu perfume aún sobre mi almohada

alimento mi necesidad con las sobras de aquella cama.

Quiero tenerte entre mis labios para luego tragarte entero…

matarte después de haberte matado…

Fotografía de: Antonio Caro Escobar

https://antoncaes.com/

MICRONOLATO

Destilando.

Relaciones tenues, intereses implícitos que ninguno dice en voz alta, no es necesario. La noche aún es joven, y se han empezado a descorchar las botellas del frío champán que no falta en ninguno de los encuentros.

Las gemelas Roldán, fueron las primeras en llegar; desde que se constituyó el grupo de almas iridiscentes en torno a la fusión de locas pasiones, nunca han faltado a este particular evento, les va la marcha. Al fondo retraído y casi distante, Marcus, un italiano al que por encima no se le nota el fuego; detrás de su look desaliñado, la barba y los diminutos espejuelos hay mucho más que indiferencia, las que le conocen dicen que está muy bien dotado. Y no podían faltar la guinda del pastel de la lujuria, los “hermanos” Mellier, que en realidad no lo son, así se llama la empresa de utensilios de cocina que dirigen; desde jóvenes se han mantenido unidos, tanto para los negocios como para las travesuras. Adrián, Jessica y Lucas, traen consigo la inventiva nata de la perversión carnal, y las ganas de seguir experimentando. Seis corazones que se confunden entre el selecto grupo que hace parte de las bacanales de octubre, del club Q’s. Seis personalidades que han sido seleccionadas sin conocerse, para hacer parte del ring más exclusivo de la orgía de exhibición, en la noche más importante de los adeptos al mundo swinger. En la ciudad de Ríos Ardientes, capital de la libertad, en el país de las delicias, la cosa está que arde…

Los aspirantes a Duques de la Lujuria de este octubre no se conocen, pero sí distinguen el mundo en el que se mueven. La selección ha sido hecha al azar a través de la base de datos de los que libremente se han inscrito a la orgía y, a decir verdad, todos se mantienen expectantes. Les gusta el sexo, son amantes de la promiscuidad, y están dispuestos a darlo todo para vencer y convencer. De ellos depende que los 100 invitados a la gala queden desnudos al final de la noche, se motiven a jugar, gasten dinero, y disfruten en libertad de lo que allí se oferta. En Q’s nadie ve más allá de sus deseos, al final de la velada habrá seres más o menos contentos, contentos del todo, y los que ni fu, ni fa. Pero cuando todo termine, y salgan por la puerta principal, la experiencia habrá quedado atrás…

Faltan 45 minutos para el espectáculo, y los seleccionados son llamados al camerino a través de un artilugio vibrador con las indicaciones pertinentes. A cada uno le es asignada una azafata que les guía hacia un relajante baño de espuma previamente preparado, del que salen revitalizados, perfumados, y con la piel dispuesta para el juego. Las reglas están claras, los preservativos dispuestos, y la palabra de seguridad de la noche es: “agua”.

El reloj marca la una en punto de la madrugada, suena la campana y los candidatos a duques del ring de la lujuria, salen de uno en uno, totalmente desnudos y con el rostro cubierto por una máscara de distinto color, cuerpos tan diversos como febriles. El inmenso salón a media luz está rodeado por los ojos de los asistentes que empiezan a susurrar sus primeras impresiones. La voz invisible detrás del conteo da el arranque, empieza el juego. Las gemelas no esperan y se vuelcan en conjunto hacia Marcus, sus manos empiezan a enrollarse; pronto los seis desconocidos se juntan para reconocer el olor de sus cuerpos, las feromonas empiezan a hacer lo suyo. La música de fondo es lenta, y así de lentos son los movimientos de los seis, cuya coreografía fluye de manera natural. Dos mujeres competitivas, y que ven con naturalidad el juego sexual en el que están inmersas, no abandonan el liderato. Se acercan al cristal masturbando sus vulvas, mientras Jessica, la otra mujer del grupo, las observa sucumbiendo a la tentación de unirse al espectáculo que fluye cada vez con más fuerza, por los cauces de una basta y exacerbada pasión. La música va en aumento, los compases de lo que ahora está sonando, hacen que la selección natural haga de las tres espontáneas parejas del ring algo vanidoso, exclusivo, delicioso de escuchar, y estimulante para los ojos de los que dentro de la audiencia, no se resisten a tocarse y a empezar a escoger con quien interactuar.

El ring se pone aún más candente. Los cuerpos se confunden, y, la necesidad de verse totalmente desnudos hace que las máscaras desaparezcan. Las cosas fluyen de un lado y de otro. De entre el público los gemidos empiezan a emerger gradualmente, y a estas alturas en el ring, es difícil distinguir quién posee a quién… La música sigue creciendo, por la misma vía va la sensación de placer, vaho en el ambiente; es inevitable como espectadora, no fijarme en la manera cómo las personas dentro del gran salón rozan sus cuepors entre sí. En la lona están todos sumergidos en el otro; se han enrollado tanto que la posición en la que se encuentran es difícil de descifrar. Penes erectos, vulvas chorreantes, lenguas en fiesta loca, pentración, susurros, gemidos, chillidos, y miradas que se cruzan…

Ha estallado el aire, todos están copulando al unísono, los sonidos elevan los sentidos, las almas supuran incontenibles a través de la piel, tiembla el suelo, huele a sexo, huele a lujuria, huele a deseo y, desde esta parte del palco en el que me encuentro, es imposible no caer en la tentación. Lamo tímida mis dedos después de acariciar mi húmeda vagina. De repente, a mis espaldas, un desconocido aprieta mis pechos tan fuerte que es imposible no estallar en un grito absorto de deseo, me abraza y no lucho contra ello. Recorre mi cuerpo con sus enormes manos, ásperas quizá por una rutina que desconozco. Mientras besa y muerde mi cuello, levanta mi falda y me apoya en un ángulo más inclinado sobre la barandilla del palco, se deshace de mi ropa interior, mete sus manos, nota mi humedad mientras incontenible le pido que me penetre; no he soportado la presión de la locura lasciva desatada en aquel lugar. Gimo mientras el desconocido me penetra imbatible, sin quitar la vista del cuadrilátero, mi cuerpo se fusiona con el todo de ese instante; siento su pene en mi garganta pero quiero más, no es suficiente, me encanta la sensación de sentirme embestida con poderío. Palabras soeces, gritos, la música no para en su escalada, las paredes parecen abrazarnos, muchas almas en un sólo latir. Y de repente, en una escala al unísono, y como si estuviera previamente coordinado, llegan los orgasmos. Es un todos contra todos, es el David del deseo, contra el Goliat del no resistirse, los lamentos de placer no se pueden contener; hombres y mujeres prescindiendo de lo que les queda de ropa, anclados al calor de sus miembros y vulvas erectas, escurriéndose por entre la piel, estridencia, placer, una liturgia carnal llena de rezos lujuriosos. Llego yo, llega quien me posee, llega el ring, llega la ovación de la carne. Se escucha la respiración de uno y de otro, una corta calma, llega el aplauso. Los aspirantes serán coronados, lo han logrado: habemus duques, habemus pasión para un rato largo…

Fotografía tomada de: Pinterest

MICRONOLATO

Desiderátum.

Tembloroso se acerca a ella, nunca ha podido contener los nervios que le sacuden como una maraca cuando está ante su presencia. Su diminuta cintura le pone, le pone mucho, y el contoneo de sus caderas parece sacudir su cabeza de un lado a otro al son de sus pasos. Los temblores no son producto del susto; son la excitación y el calor los que le hacen perder el control, bajo una tensión sexual que difícilmente puede ocultar. El olor cítrico del perfume que ella lleva puesto pentra su olfato esparciéndose a través de su boca, fijándose en sus papilas gustativas como una lapa, chupando fantasías que traduce a diario en un deseo que acumula organizadamente en su memoria, como si de ello dependiera su vida.

A la salida del trabajo atraviesa la puerta principal cogiendo una enorme bocanada de aire, que luego expulsa con arrepentimiento; porque después de haberla respirado cualquier pérdida de su escencia la considera un pecado. A las ocho de la noche en punto llega a casa, se lava las manos, y saca la comida que previamente ha distribuido en contenedores de vidrio. Esta noche en particular toca sopa, una sopa espesa con un trozo de carne casi cruda que de vuelta y vuelta acaba de quitar de la sartén. Termina de cenar, y ya sentado en el sofá, enciende la tele, da un repaso a las noticias, y llama a su madre por teléfono para saber cómo le ha ido el día. Cada segundo de su latir está marcado por un hacer sigiloso y delicadamente llevado a cabo; un ritual de vida algo frío, pero suyo al fín y al cabo. Después de la ducha, ya siendo casi las once de la noche, se mete en la cama, no sin antes abrir el cajón de la cómoda en el que guarda los calcetines por colores y temporada, para extraer un sobre ya arrugado por el trajinar. Saca de entre un par de hojas blancas del interior una fotografía; es ella, es Lola. La mujer que le hace temblar, pero no está sola; él también aparece en la maltratada impresión, es la de la pasada cena de empresa, en ella la abraza tímidamente mientras sonríe grande.

Después de cerrar el cajón, se mete totalmente desnudo debajo de las sábanas, sostiene la fotografía en su mano izquierda. Su mano derecha envuelve su pene en movimientos sutiles de arriba hacia abajo, y sus ojos se fijan en la imagen de Lola. El quejido empieza a hacerse estridente mientras balbucea frases de profundo sentimiento pasional: “me gustas Lola” “no dejes de besarme” “tu perfume me está volviendo loco” “Mírame fijamente” “te deseo, siempre te deseo, no hay un día en el que no necesite de tí” “te amo Lola” “muérdeme los labios”así, así, así…“Lola, Lola, Lola…

Las sacudidas a su miembro empoderado empiezan a ser más contundentes. La fotografía hecha pelotilla por la fuerza con la que la toma y eleva su puño, son la manifestación más diciente del placer que está sintiendo. Su glande en llamas brilla asemejándose a una fresa recién cosechada. Su respirar se acelera, se retuerce, muerde su mano, grita, se contrae; le cuesta mantener los ojos abiertos, llora, y en ello parece que se le fuera la vida; no aguanta más la presión, el corazón se le quiere salir del pecho, estalla, gime enorme. Se corre: “OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH”

06:15 minutos de la mañana, suena el despetador; Edward está por empezar una nueva jornada. Debe darse prisa, hoy es día de inventario.

MICRONOLATO

Mantis.

Como una araña teje su tela, sentada en la penumbra a la espera de su “presa”. Es paciente, sabe que las prisas en cosas del amor no son buenas. Está acostumbrada a lidiar con los sentimientos. La primavera ha llegado a su vida, cada año por esta época pasa lo mismo. Abril condensa los anhelos en el punto justo de sus ganas; las rutas que llevan al ardor de su pecho están claramente marcadas desde el equinoccio, la nieve ha dejado su huella, aún hay barro, y los animalitos de su bosque emocional han dejado atrás el frío invierno. Su amante favorito está por llegar.

Como una cigüeña ha vuelto a reconstruir su nido, ese que abandona cuando el objeto de su deseo deja la ciudad atrayendo el frío invierno. Los charcos en los que remoja sus pies en la penumbra, absorben todo el sol del atardecer. Su espalda al aire libre, y sus piernas alargadas casi infinitas se exponen como en un prado soleado, para el deleite de quienes fijan su mirada en ella. Pero sus primaveras tienen dueño; Alfredo Dolstingein, un Alemán de 1.90 metros de estatura, en buena forma y millonario. Alfredo llega cada año por las misma fechas, para pasar un fin de semana con su dama de compañia favorita, se conocen desde hace tiempo y a diferencia de él, ella prefiere no ser llamada por su nombre; de la discreción en el trato depende su sustento, pero la realidad es que a Alfredo eso nunca le ha importado. La ha bautizado como “Mantis”; la describe como una mujer fuerte, seductora y asesina de deseos. Vuelve cada año en su búsqueda porque su piel no concibe la ausencia absoluta de su roce; se conocieron en un vuelo entre Frankfurt y Madrid, en el que ella era azafata. “Mantis” ama diferente y sin condiciones, es dueña absoluta de sus vida y con ella hace lo que se le da la gana. Ella sabe cómo besarle, y posturalmente le vuelve loco. Se asombra de que siga buscándola, es un hombre casado, y culturalmente menos festivo, y a pesar de su apariencia sexy, no arriesga más de lo necesario, pero ya es la octava primavera.

Él la intuye nada más se abre la puerta del ascensor del exclusivo edificio madrileño en donde se hospeda año tras año. “Mantis” sale a la luz casi desnuda, envuelta de cintura para abajo en un trozo de fina seda transparente, y lamiendo sus dedos que previamente ha impregnado de miel. Lo que sigue es algo que han ido perfeccionando a través del tiempo, cada encuentro se eleva a otro nivel. Inmediatamente después de ese primer avistamiento, el ritual de apareamiento empieza a configurarse en una sinfonía perfecta de latidos estridentes y ganas de roce. Él se arrodilla para desnudarla por completo, acariciarla, olerla y mordisquear su ombligo. El juego continúa en el salón del impecable ático, alfombrado por cientos de pétalos de rosa, todas para su “Mantis”. Se revuelcan mientras ella ejerce su papel de fémina dominante, arrastrándolo hasta alcanzar niveles insospechados de placer. Hace de su existencia una caja de sonidos que juntos suenan al dulce sabor de lo carnal. Poco a poco se van compenetrando, no hay rincón sin ser acariciado, no hay gemido fingido, no hay cabida a otra cosa que lo que les atañe. Y con la penetración empieza la danza final, ella lo enrolla entre sus piernas succionando de entre sus gritos de placer, más placer. Succionando hasta la última gota de su aliento, secando sus ríos antes desbordados, matando su necesidad. Llevándolo a un sueño tranquilo que es la puerta de entrada de otro otoño que espera paciente la llegada de la próxima primavera. Matando fulminante el calor de su sangre, mientras ella se aleja camino de una refrescante ducha para ahogar ese otro sentimiento del que no habla nunca…

MICRONOLATO

Ardor.

Habían estado esperando el momento propicio para ese encuentro 58 veces pospuesto, sí, 58 veces. Las habían contado todas, con pelos y señales. Cada detalle grabado a fuego en sus memorias como si lo estuvieran viviendo en el instante; de ello era testigo el viejo diario de hojas amarillentas que ella guardaba debajo del colchón hace más de diez años. Había pasado el tiempo, la espera era una constante en sus vidas; físicamente estaban separados pero sus corazones mantenían la esperanza de volverse a encontrar. La apuesta tenía que ser consumada, tal y como se había escrito desde su gestación. Miranda tenía éxito como abogada penalista en la capital, Curro, decidió quedarse en el pueblo para mantenerse al lado de sus padres, heredando los viñedos y la fábrica de la familia. Como hijo único vivía una vida holgada, y por el contrario de ella, nunca se casó. Aunque tuvo un par de relaciones conocidas en el pasado; en el pueblo era sabido su amor por ella.

Los veranos de juventud estuvieron marcados por aquellos encuentros entre matorrales al pie del río, deshaciéndose entre gemidos, noche tras noche, explorando sus cuerpos adornados con los brillos de una lozanía casi perpetua. Miranda y Curro se conocían desde la tierna infancia, nacieron con un día de diferencia, sus padres eran amigos también desde niños, y eso estrechaba aún más los lazos de cariño entre ellos. Después de terminar el colegio, y diez años de noviazgo, sus vidas se separaron. Ella partió hacia la capital persiguiendo el sueño de ser abogada, y él tomó la suya. Pero a veces la voluntad no alcanza, la fuerza de lo que se queda dentro es determinante y las voluntades se vuelven “putas”…

Haber esquivado el día ‘D’ durante tanto tiempo no había servido de nada, el destino estaba marcado en el calendario, y la mesa estaba servida. Salieron de sus respectivas localizaciones de camino al restaurante acordado, ella más guapa que nunca y él, altivo, perfumado de pies a cabeza, seguro y tranquilo. Al encontrarse de frente sus miradas se fundieron en un acelerado latir. La escena no tenía desperdicio, todos los años de latencia valieron la pena, una decisión implícita en sus actitudes daba una primera pista de lo que iba a suceder. Durante la cena se tomaban de las manos, se miraban como si el mundo se fuera a acabar. Ella descalza le acariciaba con sus pies por debajo de la mesa, él se sonrojaba, no podía dejar de sonreír. Al cancelar la cuenta Miranda le hizo un guiño para que la acompañara hasta el servicio, titubeante aceptó la invitación. El momento era el momento; esos cuerpos que se habían aferrado a la esperanza empezaron a destilar deseo por todos los costados; cualquier espacio hubiera quedado pequeño para tanta pasión reprimida. Ella se abrió de piernas y él sin pestañear, se pegó a su vulva, saboreando con delicadeza el provecho de su escencia más íntima, mientras su feminidad se deshacía entre el ardor de esos gemidos conjugados por los movimientos de su lengua diestra. Una cosa llevó a otra más intensa, y como el hilo entre el ojo de una aguja empezaron a hilvanar los agujeros del tiempo, entregándose en cada beso con la locura propia de dos seres dispuestos a morir enganchados el uno del otro; penetrando las orillas de sus sexos afilados como cuchillos japoneses.

Dos horas después de haberse internado en la cueva improvisada de la lujuria, salieron exhaustos, cada uno por su lado, sin nada más que decirse…

Fotografía tomada de Pinterest

MICRONOLATO

Tempo.

Se ha enrollado en sí misma como un árbol viejo, busca resistirse a la muerte el mayor tiempo posible. Ha estado vendiendo su cuerpo sin parar desde que tiene memoria, aprendió a vivir con ello. Le gusta el “dinero fácil” dicen, pero en realidad es la vida que ha decidido vivir. Ha retado al tiempo, sintiendo y acentuando el movimiento constante de sus deseos; pero el viento ha empezado a soplar más fuerte, hoy le cuesta mantenerse en pie. Una mujer única, como todas las existentes en el mundo, ninguna de nosotras es igual a la otra, ninguna, por más que las similitudes nos despisten. Sus ojos son indescifrables, uno de cada color; heterocromía suspendida por un rostro casi perfecto, digo casi porque se notan las heridas, y, no son de una sola guerra, esa cara ha visto los colores de la infamia a plenitud.

Sentada en el mismo rincón del viejo bar de la calle de las Cecropias, desde hace más de 20 años, pide el café escaso de leche y al tiempo, hoy ha sido diferente, lo quiere muy caliente, como si quisiera acabar con el hormiguero que anida en su pecho; parece que un incendio se ha desatado en su interior, fuego mata fuego. Hay pasiones tan profundas que se tornan en dolores constantes, se quedan tatuados en la piel como queloides, heridas que sanaron a la fuerza, como si quisieran mantenerse abiertas para recordarnos el significado de la vida. Nadie conoce su nombre, le dicen Arcoiris, por su mirada, siempre va vestida para la ocasión, mostrando piel, con los labios prendidos de un carmín edulcorado, perfumada de pies a cabeza, sonriente y cazando a la presa con mejor presencia, le gusta lo “bueno”.

Arcoiris está triste, lleva horas con las manos metidas en la cintura de su falda, acariciando su sexo, empapada en lágrimas que no cesan, se le ha enfriado el café, parece a la espera de algo o de alguien, desconsolada, como si quisiera morirse…

Poesía

Poquedad.

Se ha acercado a la boca de su amada esperando una reacción de mutuo acuerdo, ese beso de despedida que como llave maestra, daría la última vuelta al cerrojo de la enorme puerta de cristal que les separará para siempre.

Atrás ha quedado la refriega de dos cuerpos que solían buscarse como cerdos que cavan la tierra en busca de la trufa más excelsa.

Ahora sólo arden las hogueras del hastío, y a pesar de desearse con locura, en sus ojos sólo hay lloro

es como si el azufre que sale de la cebolla atravesada por la fina hoja de un cuchillo asesino de añoranzas, se les hubiera posado sobre la cara.

Él se muerde la lengua para no sucumbir al verdadero sentimiento, y para no parecer menos hombre. Ella digiere lo que percibe como odio, tragándose las ganas de decirle que se quede a su vera para siempre a construir castillos de rosas, y a sembrar en los huertos del rey que ahora se han quedado en una promesa rota.

El amor ya no alcanza se dicen.

El amor ya no alcanza porque aun amándose como se aman, hay cosas que por encima de eso hacen que sus cuerpos temblorosos, den un paso al costado para regodearse en la pena, en el desgaste que produce no entender nada.

Sin embargo, un halo de gratitud se cuela como alma en pena para recordarles que el amor que han sentido ha sido genuino, que los sudores con los que solían embriagar las sábanas de sus aposentos eran de miel y de verdadero deseo.

Pero el amor ya no alcanza.

El amor se acaba, el amor como lo han conocido ha llegado a su fín, sólo queda embriagarse con el olor que se posa estridente sobre las sobras de sus sexos huérfanos de pasión.

Se dan la espalda como criaturas umbrosas, avergonzados de sí mismos, revolcándose en la triste realidad que los sumió en la eterna disputa de un mísero centavo, ese que les hacía falta para completar el peso de una libreta de ahorros mezquina…

Poesía

Lágrimas negras.

Estos campos arden a causa de la cerilla que imprudentes han tirado en pasto seco.

Pronto llueven lágrimas que se derraman como si el monzón se hubiera acelerado, apagando las llamas de mi rabia,

todo es agua, fango, hojas secas flotando, y el canto de los grillos enzarzados que por instantes me desespera.

Estas lágrimas son mías, mías y de nadie más.

Lágrimas negras cargadas de agonía, aferradas a la esperanza de algo que no conozco y que tampoco logro intuir.

Me conformo con saber que, después de esto, volveré a calzarme los tacones rojos, y enjuagaré mis pechos desconsolados con agua de azúcar.

Me pondré en pie y destrozaré el amor de quienes me llaman puta pero se revuelcan en mi púbica osadía, dejando en la mesita de noche sus monedas de caucho.

Negras volverán a ser cada una de las lágrimas que caerán mañana, y el día después de mañana, porque mi esencia se tiñe del color de mi piel, y eso no cambia.

Negras son las ganas que ahora llevo sobre los hombros

revueltas entre un amor mentiroso que pensé había exorcizado los demonios de mi carne

lamiendo mi vagina humedecida producto de la ignominia con la que se me ha señalado.

Negra es la furia con la que devuelvo la ironía de sus sonrisas preñadas de inquina, y de pelusa podrida.

Negra soy yo, negro el coño que me parió, negro mi deseo.

Fotografía tomada de Pinterest.

Poesía

Submarino

Picas en los labios como la palabra incontinente

esa que se dice cuando menos lo esperas, desafiando lo políticamente correcto, sojuzgando a la mente.

Picas como cuando el sol golpea y sigues caminando con el consuelo absurdo de una piel excepcionalmente morena, sopesando el dolor y la ardiente pena.

picas en los pechos que amamantan tus dolores, saboreando el calostro vestigio insípido de la espesa leche de un pasado presente.

Impides la ruina de tus dedos titubeantes, comprendiendo lo que buscan

amparas la lujuria bajo el ala de instituciones casi infinitas, confinadas en el imaginario perverso de lo que se hace pero no se dice por vergüenza.

Empotrándola en paredes de algodón que la llevan directo al fondo, al fondo infinito de ese querer más arcano que el mar,

albergando especies distintas, con mejillas trémulas de un rojo fresa,

fumando pipas de laurel y tomillo.

Adobando de narcótica agonía el aire que respira cuando se abre de piernas al estar contigo…

Poesía

Antera

Esa música que emerge de rincones olvidados cuando hacemos el amor

el olor de tu semen que se queda un rato largo y que me gusta.

ese sonido que se posa por encima de nuestras cabezas.

el crujir de la vieja piltra abatida por nuestros cuerpos ansiosos, exacerbando el dulzor del incesante clamor de la utopía.

Rizomas de éxtasis que entierras en el fondo del pozo de mis ganas

abrazando mis entrañas

buscando el dulzor en la sal de mi cuerpo.

Remolinos de aire caliente que emergen de en medio del colchón

testigo directo de lo que por momentos parece amor

un amor capaz de resucitar a los muertos que creía hechos polvo…

Poesía

Terriblemente solos.

Besos que se difuminaron resistiéndose a la pérdida

otros besos hermanos que nunca se han atrevido a darse por temor a los ojos de quienes observan.

Besos encallados en arenas movedizas de islotes terriblemente solos, en donde el sol alumbra lleno de lunares.

Besos atrapados por esa sonrisa que de mutuo acuerdo se han dado, pero que siguen temerosos de lo que les rodea.

Besos suspendidos en la sonrisa que con cariño regalamos a ese otro que nos mira esperando a que seamos valientes

anhelando ese primer paso, porque él, o ella, no son capaces de librarse del abrazo cobarde de la cobardía.

Besos envueltos en sábanas usadas que gritan en silencio las ganas que tienen de salir a la calle para mirar a la cara a quien les señala.

Besos que prefieren vivir de fantasías, por que la realidad pesa, y se va perpetuando en la regularidad de esos encuentros furtivos de sexos mojados

alabando al dios de putas avergonzadas y terriblemente solos.

La soledad la hemos mal interpretado hasta el punto de creernos lo imposible de lo imposible, sucumbiendo ante la duda de lo que no nos hemos atrevido a hacer y así nos va…

Ganas de libertad

encuentros a los que tememos tanto como deseamos, !cuerpos desnudos y bucólicos que ya no aguantan que se les masturbe más!.

Terriblemente solos e incapaces, así nos va…

Incapaces de salir en busca de ese beso remedio para el sufrimiento al que voluntariamente hemos sometido nuestros deseos.

No hay nada de que avergonzarnos.

¿Por qué seguir embutidos en la vestimenta de una moral heredada y pasada de moda?.

Eso ya no nos vale, no nos puede valer

porque todo el mundo tiene derecho a hacer de su sexo un valero si eso le hace feliz…

INVITADO

The man in the bathtub by Quinny Martínez

Escribí este relato para un amigo al que quiero mucho, un hombre que en medio de aquella cruel guerra que machacaba a la Colombia de finales de los 90’s nunca se rindió.

Gobblers / Masticadores

Picture taken from Pinterest

***

Dedicated to: Alirio Gonzáles Pérez – Director of Children’s Audiovisuals School, Belén De Los Andaquíes, Caquetá, Colombia.

That day his life changed; it was four in the afternoon, and suddenly he was surrounded by the sound of bullets and bombs, the product of an incomprehensible war that devastated everything. Nerves seized his mind and his trembling body that at that moment gave him very little. He leaned out the door as best he could, but only the voices of the people in the despair of the thunderous steps of death were heard; because when death lurks the heart knows it. The rampant war through towns and cities, taking whoever it touched ahead, making landscapes rivers of tears and blood.

He ran for his life, threw himself on the cold floor as the bullets approached and went into the bathroom, like in the movies seen on…

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Poesía

¿Qué dedo me corto que no me duela?

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Si la vida que mi corazón abraza es sincera

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Si llevo su sangre y su pasión es mi pasión, si la quiero con locura, lo mio por ella es el más puro amor.

¿Qué dedo me corto que no me duela?

si a tí también te he querido, te quiero y te querré, y sólo tú y yo sabemos de lo que somos capaces, nunca te defraudé, y de tí no espero menos

Fuiste tú el primero en saber de mis andares, del motivo de la distancia de la cual son testigos los kilómetros de tierra, el aire y estos mares; los demás me importan poco.

Pero ella es de mi sangre, ha apagado mis incendios, ha auxiliado mis suicidios emocionales, y me ha visto crecer, igual que tú.

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Si entre pecho y espalda llevo clavadas las cosas que nunca podré decir, no porque no pueda, sino porque se lo he prometido a mi madre, y no quiere ver a otro de sus hijos morir, porque se muere…

Los errores del pasado y la fuerza para no asumir lo que no me corresponde asumir, porque no me da la gana, porque no me sale del mismísimo agujero puerta de mis entrañas.

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Si cuando pasan estas cosas por mis ríos corre sangre, y yo nunca he cambiado la lengua por un par de alpargatas,

a pesar de la ignominia, a pesar de las piedras encima de mi tejado, a pesar de mis culpas, a pesar de mi pasado

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Si a los dos los quiero, con evidente diferencia, pero está claro que sin ustedes esta yo, la yo de ahora, la yo que es capaz de escribir estas letras no sería capaz de hilar ni una sola frase, y tampoco capaz de amar a cántaros que se desbordan y van a parar a al silencio de los mares

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Se los pido por favor, por el coño de la cebolleta, dejen en paz a los espantos, seamos felices, y dejemos de creer en brujas.

¿Qué dedo me corto que no me duela?

Tendremos que aprender a soportar, a sopesar el pasado, a asumir nuestras pasiones, a morir por quienes amamos

A tí te quiero, y a ella más allá de la sangre, la amo, la amo de verdad y como dice la Esteban. “Yo, por ella mato”…

¿Qué dedo me corto que no me duela?

INVITADO

A true poet by Jorge Aldegunde

Gobblers / Masticadores

Picture taken from Pinterest

***

Much did he fear being despised for love, and that had him verily suffer. However, during that time he conceived invaluable and heart-breaking verses. Muses stood by him all along, and he became a legend in poetry.

But times inevitably change and, at last, he made up his mind to meet her. And then everything went too quickly: courtship, engagement and a multitudinous wedding ensued, where he struggled to write his vows. Ever since, they have been happily married.

His literary genre and style took a sharp turn though following his new marital status: at present, his prose is highly praised for its effectiveness and conciseness in the obituaries’ notes.

THE END

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Poesía

Necedad…

No me duele nada.

No me duele nada a pesar de haberme arrojado de cabeza sobre las espinas de tus rosas,

no me duele nada a pesar de los golpes posteriores a sacarnos las ganas.

Soy necia.

Soy insistente y no me canso de pedirte que me des palos…

Si te soy sincera, me lo merezco todo.

Todo lo que producto de esta obsesión selectiva que me lleva a despeñarme por el barranco que va desde tu boca hasta el ombligo de tu libido anegada, me pasa…

Poesía

Misa de once…

Cánticos con voces orientadas hacia el norte, buscando la manera de irse hacia el sur de otras notas.

Cantinelas que en sus letras mueven las caderas desnudando cuerpos en lo más íntimo.

Habitaciones humildes con camastros de tres patas y a oscuras.

Hombres y mujeres escondidos de la mirada del vecino coyote que se enfunda en la morera de la sotana del cura trotaconventos.

Sudores que hacen festivales de gemidos al pie de cirios en llama, enganchados a la esperanza de la ansiedad que es constante y pide tempo,

latiendo a fuego lento.

Guisando ostias y lamiendo el cáliz de los perdidos en ríos de aguas ardientes, repletas de oraciones a los dioses de la carne…

Poesía

Vericuetos.

Mi libido encendida encandilando los rincones de tu inconsciente,

el olor de mi vagina debajo de tus uñas.

Metáforas de vidas al borde de la muerte,

agua de manantiales sedientos desviadas a canales propiedad de mi sosiego,

vericuetos encallados en la sien de animales racionales.

Amándose con frenesí juvenil inconsciente,

exponiéndose en balcones con vistas hacia calles ciegas de furor…

Poesía

Besos gélidos.

Así,

justamente así de frío.

Como cuando se cierra el Mississipi en invierno,

congelando su andar.

Olvidando progresivamente la tibieza de aquellos días de insolación y desenfreno,

besos fríos,

este río de lava se ha convertido en una autopista de animalitos montados en patinetes sin ruedas.

Labios perezosos inmersos en la costumbre que ha matado la pasión de aquellos días de juventud romanticona,

besos fríos,

empalizados con ausencias y nieve, mucha nieve.

Se pregunta repetidamente: ¿a dónde han ido a parar los ríos de agua viva que recorrían su sangre?.

Respuesta que no encuentra, pero eso ya no importa.

Ha perdido, pero ha ganado hielo…

INVITADO

Kevin Ramírez – Tocando el cielo.

Eroticosas… Visítanos!

MasticadoresEros

Fotografía tomada de Pinterest.

Las noches de invierno no son frías estando a tu lado,
todo a nuestro alrededor se hiela, pero nuestros cuerpos se calientan mutuamente.
La cama baila al ritmo de la vacilación de tus caderas.

Las paredes oyen el sonido de la excitación, del placer y del amor que nos recorre.
Eros observa desde su trono mientras tú y yo nos sumergimos en los movimientos bruscos de nuestros cuerpos,

chocando como el brillo de las estrellas en el firmamento.
¡No, no exagero, estoy tocando el cielo!

https://karc.home.blog/

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Poesía

Detalles que me matan.

Te regalo una noche a la semana,

ser tu amante es la resurrección de mi protervia.

Te regalo mi voluntad y mi apego,

aliada irrefutable de estas ganas insaciables de un oprobio perpetuo,

castigo por tener lo tangible y el alma vacía.

Contigo la humorada de mi sexo se relaja,

contigo la semblanza del amor me avasalla.

Te regalo lo que de mi queda cuando escapo de esa realidad que no soporto.

MICRONOLATO

Sueño infame…

Su cuerpo no encajaba dentro de su mente, la distrofia iba más allá de lo evidente, desde la repentina muerte de su madre hace dos años todo era un martillar constante. Miedos e incapacidad de mirarles a los ojos, las mujeres le causaban aversión. Consideraba que tenía una vida indecorosa, llena de lujos pero indecorosa, carente de todo y de nada. Esa tarde tomó más vino de lo habitual, había decidido dar un paso hacia adelante, no necesitaba más de lo que le estaba sobrando, sus deseos empezaban a hacerse palpables. Dejó de lado toda relación con el mundo para internarse silencioso en un universo de hombres, seres especialmente curtidos, amantes de la desnudez, lujuria, sexo pervertido, locura y noches interminables. Besos con lenguas infinitas, falos que le atravesaban el vientre mientras gemía trémulo, luces rojas, música y depravación. Sus manos sudorosas aferradas a la espalda de seres a los que no había visto nunca en la vida le provocaban una excitación indescriptible. Sensaciones que perduran en la sangre como la sangre misma; un sueño hecho realidad. Inmerso en ese mundo pasaron los días sin darse cuenta de lo que el tiempo fraguaba, estaba a gusto, no necesitaba nada más. Al salir la luz del sol se dió cuenta de que todo era producto de un sueño casi real, a causa de una ebriedad mágica de la que lo habían sacado obstinados sus cuatro gatos…

Poesía

Animaladas…

Me has convertido en una alimaña insaciable, maniática de orgasmos encadenados como solución a la pretensión que palpita en mis entrañas de sol a sol…

Las luciérnagas apostadas en mi ventana después de que te has ido, parecen drogadas por el vaho que sale de mi habitación.

No lo sabes, pero han empezado a cantar a ‘Chavela’, como si de repente la libertad que tienen no les fuera suficiente…

Quieren más del espectáculo circense que montamos tú y yo cada vez que nos juntamos para copular como bestias…

INVITADO

Contemplaciones – Adrian Carrillo.

Otra semana de aventura en Masticadores!!

MasticadoresEros

Fotografía tomada de Pinterest.

Sobre su piel desnuda

se posaba la noche, trémula,

filtrando su luz entre los cristales

tallando trazos como artista clandestina.

Entonces,

su cuerpo se hizo lienzo dormido;

pieza de arte para el encanto.

Las sombras dejaban su huella

y a contraluz aquellas formas

adquirían voluptuosas texturas.

La redondez de los senos

albergaba la obertura perfecta

de dioses paganos.

Su rostro pálido emanaba

la brillantez de quien abandona

la inocencia por un instante.

Sus líneas inferiores,

dentellaban como licántropos

a mis ojos en las contemplaciones.

Perdido,

en la frontera entre el paraíso y el pecado,

contemplaba en primera fila aquella imagen:

Obra de arte en el museo de las delicias.

Paraconocer más de este escritor: https://manklisescritor.blogspot.com/

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Poesía

Radioactividad…

Sigues la huella de sus besos como leyendo un mapa…

Se te olvida que los mapas nunca dicen la verdad de las cosas.

Esos engendros cartográficos son bichos capaces de enchufarte inyecciones de cosas sucedáneo de otras muchas que no están al alcance de tus manos; nos engañan como se engaña a un infante con caramelos de colores, los odio.

Ya te lo he dicho, y en voz alta…

Vas siguiendo la huella de esos besos que se te escaparon haciendo uso de su voluntad, dejando sembrados en tu pecho helechos radioactivos.

Tu pecho es eso, un campo minado con la herencia de esa bomba emocional corrompida que él dejó en ti.

A ver si le encuentras, sé que no es para besarle desde luego; ese sería el deseo cumplido de los labios de una vulva indecorosa. ¿o acaso me equivoco?

Mapas, malditos mapas…

Si fueran tan serios como dicen, debieran señalar el terreno que habita ese malandro emocional, como el ‘Chernóbil’ del ‘amor’

Poesía

Tú siempre lo has sabido

Vas leyendo mis pasos diluidos en la arena, como un sabueso entrenado en las lides de cosas que no me atrevo a mencionar.

Cuando todo el mundo se pregunta por mis ausencias callas sin levantar la mirada, sin nada que comentar.

Hay días en los que me he marchado tan lejos, que ni yo misma sé a dónde he ido a parar, cansada, agobiada por la existencia misma de soles y lunas eternizadas en la necesidad de algo que no comprendo.

Tú siempre lo has sabido.

Sabes más de lo que cuentas, porque solo tú eres capaz de abrirme como una piña conífera después del más cruel de los incendios para tirar mis semillas al viento.

Solo tú eres capaz de dar con el misterio de un ostracismo silente, asquiento y frío.

Tú siempre lo has sabido.

Lo sabes porque te pareces a mí, te pareces a esos días en los que doy el esfuerzo por perdido, llueve a mares, todo se va a la mierda y de repente, sale el sol…

Tú encarnas al sol de mis olvidos, el que siempre sale, el que quema y duele, el que le arrebata la humedad al costal de mis escritos perdidos.

Tú siempre lo has sabido.

Como la certeza de que pronto entrarás por esa puerta y harás con mi desencanto suculentos ladrillos de pasión, cayendo luego con fuerza sobre el canto de mi sexo holgazán.

INVITADO

México.

Sábados de invitados!!!

MasticadoresEros

Edgardo Villarreal – Mexico

Hola a todos: Con el mexicano Edgardo Villarreal, creador y editor del blog: https://edgardus.home.blog/ damos inicio a los invitados de los sábados que nos incitan a leer relatos eróticos, compartidos desde esta categoría de nuestro blog. Con esta iniciativa, queremos promover la interacción entre nuevos escritores de cualquier parte del mundo, fortalecer la camaradería y ofrecer variedad en distintos formatos para el gusto de quienes nos visitan. Disfruten de su relato.

Desde la yema de mis dedos.

Todo comienza con un simple saludo, usamos de pretexto el querer saber cómo estamos y cómo nos ha ido, cuando en realidad esperamos con ansias esa palabra que haga estallar todo. Esa palabra que dé inicio a la ebullición de lo evidente. Una vez que se ha dicho, no hay marcha atrás; un torrente de roca fundida, con la única intención de arrasar con todo a su paso, brota…

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Poesía

Eco…

Me encuentro de frente con tu inconfundible mirada, y con esas pestañas enormes que acuden a tus ojos escondiéndolos del sol, abrazándose a la sombra que acentúa su brillo.

Esa boca angelical, tus diminutos labios que se enredan entre sonrisas provocando a mi imaginario, vislumbrando el anhelo de besos alterados.

Tus manos casi infantiles hilando la ternura de esas caricias que anhelo, atrayendo mariposas a la boca de mi estómago, así como el hambre acude a las entrañas del recién nacido ternero.

Me he quedado prendada del vaivén de tus caderas, acompañadas por tus pasos se muestran firmes, como rocas a la espera de quien escala desafiante la cima de sus deseos.

Con el olor de tu presencia me despojo de toda vergüenza para internarme en laberintos lascivos que sólo conoce mi mente…

Poesía

Yo no sé lo que es el amor…

No quiero dejar de comerte a besos,

no quiero dejar de ser nosotros a las once de la noche,

no quiero dejar de sentir que me traes de vuelta de la muerte con el hálito de tu roce.

no quiero dejar de sentarme en tu regazo y que acaricies mi vientre.

Tampoco estoy dispuesta a sacrificar erecciones compartidas,

ni la humedad que fluye a mares, ni los gemidos, ni los orgasmos avasalladores, ni el tenerte en el café de las mañanas.

Pero te lo pido por favor…

No me pidas que te diga que te amo,

quédate con mis te quieros sinceros, y con el sosiego que me da tu voz.

No me pidas que te diga que te amo, ni hoy, ni mañana ni pasado.

No me pidas que te diga que te amo, porque yo no sé lo que es el amor…